Mario Rivadulla
Mientras en la maternidad de los Mina, la representante local del Fondo de Población de las Naciones Unidas y el Ministro de Salud Pública esperaban el alumbramiento de «nuestro» habitante de la tierra 7 mil millones al igual que estaba ocurriendo en otros 109 países de la tierra, en La Romana, una joven mujer, por el contrario, quedaba de baja en el registro de población, ultimada a balazos en lo que constituía el feminicidio 171 del año (y 105 de violencia de pareja).
El nuevo ser, una bebiba de nombre Charleny, es hija de una adolescente de apenas 16 años. Esta es a su vez, hija de otra adolescente; su madre la trajo al mundo más o menos a la misma edad. La progenitora de Charleny forma filas en el nutrido contingente de madres adolescentes, de entre 12 y 17 años, que confiere a nuestro país el dudoso privilegio de figurar entre los cinco del mundo con un más elevado índice de madres adolescentes,ser los punteros en la región del Caribe y estar por encima de Haití.
El rostro del padre de la menor no apareció en ninguna de las fílmicas y gráficas que con profusión reportaron el evento. Es dable suponer por consiguiente, que la joven madre se agregará al millón seiscientas mil madres solteras que tenemos en el país, donde el reciente Censo reportó una población de nueve millones y medio, lo que nos dá un promedio de una madre soltera por cada seis habitantes.
No necesaria ni inexorablemente, pero existe una alta posibilidad de que la madre adolescente de Charleny pase también a integrar ese algo más de un 20 por ciento de madres que tenemos en el país como único sostén del hogar, donde la ausencia del padre se traduce en fuga total de sus responsabilidades y los hijos, o nunca le ven la cara o se la ven tan de tarde en tarde que les resulta un ser totalmente extraño.
Son expresiones de la descomposición de nuestra sociedad. Lamentablemente, apenas unas pocas; el número resulta mucho más crecido. Ahora mismo, se nos acaba de revelar otra que existía de antes, se venía agudizando pero a la cual, embargados en necesidades más materiales y percibidas, andábamos ajenos.
Tocó al Presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), David Pérez Taveras, poner el dedo en la llaga en el curso del oportuno seminario taller organizado por el organismo para dar cuenta de los pasos que se están dando de manera conjunta, por parte de casi una docena de instituciones, a fin de diseñar una política de ciberseguridad y ejecutar un plan estratégico integral a favor de menores y adolescentes, en riesgo de abuso sexual por la INTERNET.
El problema tiene dimensiones mundiales. El propio funcionario citó estadísticas del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), estimando que existen no menos de cuatro millones de redes de pornografía infantil. En adición, numerosos sitios virtuales para acceder a ellas. Sus promotores obtienen grandes ganancias con esta actividad ilícita al tiempo que repugnante.
Un reconocido y experimentado experto en delitos informáticos, el norteamericano Guillermo Galarza, rindió informe en el evento dando cuenta de que nuestro país no es extraño a este uso indecente y criminal de la tecnología comunicacional. Galarza reveló que miles de personas en el medio local están involucrados en el uso de la red Pear to Pear, altamente sofisticada y de difícil detección por las autoridades, a través de la cual intercambian fotografías y fílmicas de pornografía infantil. Al igual que en otras partes del mundo, depredadores la utilizan para captar menores y saciar con ellos sus bajos instintos. Su exposición estuvo acompañada de la presentación de un mapa mostrando la concentración de la pornografía infantil cibernética en las regiones norte y este del país, precisamente las de mayor afluencia turística.
Antes de la llegada de la INTERNET, en alguna que otra ocasión las autoridades descubrieron y apresaron extranjeros indeseables que en complicidad con dominicanos de la misma baja catadura moral, se dedicaban a reclutar menores y adolescentes para filmar películas pornográficas que luego vendían en el exterior. Ahora, a través de la cara oculta de las redes digitales y el incuestionable progreso que han aportado, conviven y se masifican la pornografía infantil y el ataque de los depredadores sexuales tornándose en un problema de extrema gravedad que es preciso enfrentar sin demora.
Se trata de un nuevo reto y otra expresión del profundo bache moral en que estamos sumergidos, mucho más grave que los apagones, el costo de la vida, el precio de los combustibles o la misma delincuencia que figuran a la cabeza de nuestra agenda de preocupaciones cotidianas. Porque lo que está en juego, aunque no acabemos de percibirlo claramente por su naturaleza turbia, es la necesidad de apuntalar la cada vez más agrietada y frágil plataforma ética de nuestra sociedad, que más que nada está urgida de una profunda cura de valores.
VEA Y ESCUCHE EN PRIMERA FILA, de lunes a viernes, a partir de las 7 de la mañana, por el Canal 21.
Y EN LA NOCHE, a las 8, TELEDEBATE por el Canal 23, Telefuturo, con Mario Rivadulla, Dilenia Cruz, Ramón Reyes y Joaquín Ascención siempre fieles a la verdad.
2011-11-02 14:54:11