Los pueblos se dividen y se enfrentan en crueles guerras civiles, por intereses sociales, económicos, políticos, religiosos y particulares.
Es imposible establecer una sociedad igualitaria, donde todos sean iguales. La diversidad es propia del devenir de los seres humanos.
Ni siquiera se pudo lograr la sociedad uniclasista, donde la mayoría fuera el gobierno absoluto. La revolución de los obreros y campesinos, se quedó a medias.
Pero si es una gran aspiración del ser humano que haya una justa distribución de las riquezas, y que se imponga la justicia, el derecho a la libertad, y a comer.
Todos los males sociales se pueden solucionar en una comunidad donde la riqueza se distribuya de forma equitativa, y aunque haya ricos y pobres, se pueda paliar el hambre.
Es una de las grandes aspiraciones del ser humano y hoy estamos lejos de llegar a esa meta.
La pobreza, sea en la República Dominicana o el mundo, crece a pasos agigantados, al igual que la riqueza.
Mientras más pobres hay, más nuevos ricos se van formando, y otros atesoran su fortuna.-
Ni las revoluciones más sangrientas han acabado por siempre con la pobreza o la riqueza; por el contrario han paliado sus efectos y hacen más factible la convivencia.
La lucha social siempre ha sido por mejores condiciones de vida, en guerra abierta hacia la explotación más vil, y con los llamados constantes a un mundo mejor.
La revolucion Francesa tuvo su origen en el hambre y la miseria atormentadora. El surgimiento de los artesanos como nueva casta social impulsadora de la revuelta, era parte de esa injusta distribución de las riquezas.
La democracia representativa de viejo cuña es impotente de buscar salida a los males del hombre de hoy. Se aferra a los poderosos de turno, que son una minoría, dando con el pie, a la inmensa mayoría de necesitados.
Esa democracia se sustenta en organismos internacionales que sirven de guardian a los poderosos de cada país, y de verdugos de la gran mayoría hambreada.
Lo único que puede mantener la paz y la tranquilidad en un país, es que haya una justa distribución de las cargas sociales. El rico, el potentado, el terrateniente, debe saber que el poder económico para que no se desmonorone, tiene que tener un claro sentido social.
Los dominicanos hemos sido víctimas en numerosas ocasiones de los consejos inoportunos, otros dirian de las imposiciones a fuetazo, del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Esas dos instituciones no procuran el bienestar de los pueblos del tercer mundo, por el contrario sus recomendaciones han colocado en la tumba a los pobres, que se han levantado en pobladas, en la mayoría de los casos ahogadas en sangre.
Para que haya paz, debe haber justicia social y reparto equitativo de las riquezas.
2011-11-17 23:11:41