Por Manuel Hernández Villeta
La política es cambiante. Depende de coyunturas y acciones inmediatas. De hoy para mañana se puede mantener un panorama lento, pero no estancado.
A largo plazo, sólo los hechos pueden determinar el devenir. En política no hay estancamientos, se avanza o se retrocede.
De ahí, que las encuestas son miradas al instante, en el momento, de hora en hora, para realizar aprestos técnicos y estratégicos, con miras a ganar unos comicios.
Hay dos encuestas en una contienda política que son importantes. La primera, es la percepción. Lo que opina el pueblo de a pie. Esa es una muestra de gran importancia y sabiduría.
Luego está la encuesta propiamente dicha, realizada por profesionales, y llevada a trabajos de campo y estudios de laboratorio.
La pecepción puede tener una idea más clara que la muestra cientifica. Es como opina el hombre en las calles, en el transporte, en el colmado, en los centros cerveceros.
Un candidato que tenga en la opinión pública la percepción de que no avanza, o que está en segundo lugar, puede corregir el síndrome de encontrarse en un laberinto de rechazo.
Por eso es que el barómetro en base a las encuestas hay que tomarlo como un pulso momentáneo, para realizar trabajos con un bisturí en las manos y limar las asperezas.
Un político que tome las encuestas como el resultado final de las elecciones, está perdido. Ni en la vida, y mucho menos en la política, nada está escrito de modo permanente.
Todo va a cambiar de acuerdo con las motivaciones de última hora. Nada puede quedar congelado en el tiempo. Se da un paso adelante, o la coyuntura hace retroceder.
En países sub-desarrollados como la República Dominicana el triunfo electoral depende del ejército de analfabetos y de marginados sociales.
Mas del 65 por ciento de la población dominicana no ha cursado los niveles de la educación básica para ser considerado letrado, mientras que casi ese mismo número se encuentra sumido en la miseria.
La política en nuestro país es clientelista, se gana y se pierde en la semana final del tramo electoral, dependiendo del dinero que se puede poner a circular.
Los militantes de un partido político de por si carecen de la fuerza suficiente para ellos sólos, sin participación de la masa silente y amorfa, ganar unas elecciones.
Hay más de un 40 por ciento de la población que sólo se interesa por las votaciones a más tardar a una semana de los comicios: no va a mitines, no participa en caravanas, no habla de partidismo con nadie y vive sumergida en su diario vivir.
A esa gran mayoría sin ideas fijas del devenir político se le puede ganar con el ofrecimiento de un empleo, de un triciclo, de unos cientos de miles, o la simple promesa de un mejor bienestar social.
El que logre sintonizar con esa gran masa social que vende su voto al mejor postor en la semana final de las elecciones, ganará los comicios del 20 de mayo del 2012.
Los programas de gobierno están bien para las tertulias de café y vinos de la clase media, y de los intelectuales que dicen vivir en el siglo 21, pero piensan como en los 60 del siglo 20.
Las encuestas son un reflejo para trabajar, y para marcar el camino a seguir, pero se gana ensuciándose los zápatos en el lodo del barrio, con una funda de cuartos en las manos.
2011-11-23 05:22:09