Por Manuel Hernández Villeta.
La violencia intrafamiliar que está desgarrando a la sociedad dominicana, tiene que ser vista como una epidemia incontenible.
El hecho visible de la violencia contra la mujer o la familia es individual, y por tanto difícil, a primera vista, de solucionar, si tomamos en cuenta que en cada hogar se esconde el manto de la muerte.
Pero no es así, este síndrome comunitario tiene problemas que van enquistados en la misma sociedad, en su médula, y que no se pueden ver tan facilmente como un hecho aislado, de que un hombre agrede a su compañera.
En la mayoría de los casos de violencia, los hombres que asesinan a su pareja, se suicidan y en ocasiones matan a los niños. Todo el peso de la ley debe caer sobre los responsables de estos hechos salvajes.
Hay que hablar claro. Detrás de estos hechos de violencia intrafamiliar hay un descontrol colectivo, hay una falta de esperanzas en el futuro, hay una venda para ver más allá de lo que el victimario considera un camino cerrado.
Hay dos caminos por el que de inmediato debemos trabajar en el caso de la violencia. La educacion hogareña y la sensibilidad de las autoridades.
Uno de los casos impulsadores de esa violencia es cuando la mujer va a un destacamento de la Policía a poner una queja contra su pareja, y recibe la burla de los agentes, y hasta de los que se encuentran detenidos allí.
Las autoridades tienen que comprender que una mujer que busca protección, no puede quedar desamparada, porque entonces será víctima del verdugo que la persigue.
Una de las causas básicas y fundamentales de esa violencia es la destrucción de la familia. Los hogares hecho pedazos, y la ausencia de una educación para enfrentar los problemas del diario vivir.
El problema económico está detrás de cada uno de los hechos de violencia que sacuden a la sociedad dominicana.
La estrechez económica a que nos referimos no tiene necesariamente que ser de hambre y miseria; un ejecutivo que pierda una cuenta, o que sus negocios no tienen el volumen de progreso esperado, también es una víctima de la crisis económica.
La estrechez de vida, crea roces entre las parejas, que terminan un día en medio de sangre y luto.
El problema es social, colectivo, aunque tenga manifestaciones individuales, y estallidos en los sectores más débiles sociles.
Hay que trabajar con sentido social, buscando soluciones económicas, educativas y de mejoramiento de los niveles de vida de la población, que es el roce inicial para la violencia intrafamiliar.
Vivimos en medio de una epidemia social, y esa rasgadura se tiene que comenzar a solucionar con educación hogareña y tranquilidad económica.
2011-11-25 13:40:45