El embajador del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda en nuestro país, Steven M. Fisher, es un diplomático de carrera y de gran experiencia. Ajustado siempre a las más estrictas normas de esa condición, el señor Fisher ha sido siempre muy comedido en todas sus intervenciones públicas, tal como corresponde a un representante del Servicio Exterior.
Tiene por consiguiente que disponer de pruebas muy contundentes y de haber agotado previamente todos los trámites de lugar, cuando alterando esa norma hace pública la grave denuncia sobre tentativas de extorsión que determinó a una importante empresa británica dejar el país recientemente y mantiene en jaque a otra.
La impactante revelación del señor Fisher se produjo en el curso de la conferencia que pronunció en el auditorio de la Procuraduría General de la República, en presencia de su titular, el doctor Radhamés Jiménez, del Presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Subero Isa y de monseñor Agripino Núñez Collado, entre otras personalidades.
La exposición del embajador británico versó precisamente sobre el tema de la corrupción, en la que destacó la importancia que al mismo le conceden la Iglesia, la sociedad civil y los medios de comunicación, señalando, al mismo tiempo, el hecho de que son muchos los dominicanos que se preocupan por el auge de la misma así como también inversionistas, tanto nativos como extranjeros.
El cobro de peaje, a veces importantes sumas, en otras ocasiones, inclusive participación accionaria en negocios, es una práctica de muy vieja data, que constituye casi una tradición. No es extraño que personas o empresas que tratan de establecerse aquí hagan saber que vienen ya alertadas para acceder a tales exigencias. Otras, en cambio, se niegan de plano a dejarse extorsionar. Son por lo general, las más serias y confiables. Tal parece ser el caso denunciado por el embajador británico.
Aunque ha pasado ya algún tiempo del hecho, vale recordar la forma intempestiva en que la entonces embajadora de España denunció que empresas de su país que pretendían iniciar negocios en República Dominicana, encontraban toda una serie de trabas burocráticas para obligarlas a someterse a exigencias de soborno. Se le censuró en esa ocasión el no haber usado los canales diplomáticos en vez de hacer uso de los medios de comunicación. Pero al margen de que hubiese podido quebrantar el protocolo de rigor en la forma, en el fondo su denuncia respondía a la misma situación real que ahora acaba de airear el embajador Fisher.
En el caso que nos ocupa, es conveniente recordar que las relaciones entre el Reino Unido y República Dominicana se han ido estrechando cada vez más, en mutuo beneficio. Son muy importantes las inversiones británicas en el país como lo es también su mercado turístico. Esos factores agregan mayor preocupación a la denuncia de su embajador que además, envía un mensaje muy negativo a los inversionistas extranjeros que quieran establecerse en el país, aunque puedan, en cambio, sonar como campanas de navidad en los oídos de los aventureros y mafiosos que también proliferan en ese campo y que siempre andan a la caza de negocios sucios y beneficios rápidos y exorbitantes, para lo cual precisan contar con la complicidad de funcionarios venales.
La denuncia del embajador Fisher exige esclarecimiento y sanción.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. «teledebate@hotmail.com»
2011-11-25 14:08:51