EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Hace ya algunos años, en ocasión de anunciar el entonces Presidente Leonel Fernández la puesta en marcha del Plan de Seguridad Democrática destinado a quebrarle el brazo a la delincuencia en distintos barrios de la capital donde era mayor el auge de la criminalidad, entrevistamos al padre José Luis Hernández, párroco de Villa Juana. El había desempeñado anteriormente esas mismas funciones en la barriada de San Carlos, de donde se vio obligado a emigrar por el constante acoso de los microtraficantes del sector que llegaron al extremo de agredirlo físicamente y causarle una fractura.
En esa ocasión, el religioso pronosticó que el plan no podría cumplir con las expectativas que había originado porque no había tomado en cuenta a la familia, sin cuya participación directa entendía que no podía modificarse la conducta de muchos jóvenes empujados al negocio de las drogas y otras actividades ilegales, debido a la carencia de un sistema de valores.
Han pasado varios años donde aquel pronóstico ha venido cumpliéndose en la realidad hasta el punto de obligar al rediseño del citado plan, con el agregado del patrullaje militar. Y ahora el también sacerdote, padre Néstor Pazos. Integrante de la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica retoma el tema y la advertencia del padre Hernández al señalar que la violencia y los embarazos de adolescentes, que es también una forma de violencia fisiológica y psicológica, tienen su principal raíz en la descomposición familiar.
En TELEDEBATE estamos al ciento por ciento de acuerdo con este enfoque. De hecho, es la postura que hemos venido manteniendo y expresando por espacio de mucho tiempo. Bien que se señale la exclusión social como un factor que contribuye a la delincuencia y el microtráfico y también a los embarazos prematuros y otras formas de violencia. Pero la raíz fundamental del problema reside en la desunión y descomposición familiar.
Así como no pueden haber alumnos debidamente preparados si su maestro no lo está, tampoco pueden existir ciudadanos conscientes y responsables si no han sido formados en esos valores en el seno del hogar, de la familia. No es una apreciación caprichosa, ni es solo un concepto moral y religioso. En la estructuración de la sociedad, la familia se considera la célula básica, el puntal sobre el cual descansa la misma.
Lamentablemente la institución familiar en nuestro país está en un elevado porcentaje a ras de tierra. Con una gran mayoría integrado por frágiles y casi siempre improvisadas uniones consensuadas; con una tasa de divorcio de casi cincuenta por ciento antes de cumplir cinco años de la unión; con un elevado índice de hogares monoparentales donde solo figura la madre como sostén y realizando al mismo tiempo la imposible labor de educar a sus hijos para lo cual muchas veces no está preparada; con padres que van arrojando al mundo hijos con una o más mujeres sin luego ocuparse en lo absoluto de ello; con una buena cantidad que llega a la casa en la que convive pero que no merece el título de hogar, pasado de tragos, insulta y maltrata de palabra y obra a su pareja y a veces a los propios hijos y a cuantos se le ponen por delante, sería ilusorio esperar de estos un comportamiento adecuado, ajustado a valores, normas sociales, legales y morales.
Dentro de este marco grave de descomposición familiar, los padres están cada vez más distantes de los hijos y estos cada vez más de su cuenta, fácil presa de las provocantes tentaciones del constante bombardeo de la llamada sociedad de consumo. En esa situación, todo conduce a la pandilla barrial, distribución y consumo de drogas, los atracos y hasta los asesinatos en la medida en que se va perdiendo la valoración de la vida ajena y hasta de la propia.
No es de extrañar tampoco que a muy tierna edad y diez y once y doce años lo son, la niña, que no ha llegado a adolescente, cae en brazo del primero que pasa. Y lo hace muchas veces con el consentimiento de uno o ambos padre al pensar que se liberan de la carga de mantenerla, o de las dádivas del violador que compra su silencio y su complicidad a precio de soborno.
Insistimos: El rescate de nuestra sociedad que está en trance de naufragio, tiene que comenzar por el de la familia, el hogar que es donde se fragua en realidad, por vía de la enseñanza y el ejemplo de los progenitores, la escala de valores más que en ninguna otra instancia y escenario.
La exclusión social cuenta como elemento incidente, pero la desintegración familiar lo es mucho más. Y familia el punto neurálgico por el que hay que ir al rescate de la sociedad.
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2013-08-27 14:37:31