Por: Carlos Ricardo Fondeur Moronta
carlosfondeurmorona@hotmail.com
“La mentira se trata de un recurso biológico cuya función inicial es ocultar una intención por diversos temas…”
“la mentira puede ser útil en la política para preservar el control y la justicia del Estado en manos de los gobernantes (Platón).
El periodismo como oficio es y debe ser noble. Inocuo, impoluto.
En los años 70s. hubo una huelga de los redactores en el diario francés Le Monde, a la sazón un diario muy influyente en el devenir político mundial, en plena guerra fría, la cual fue llamada la “Rebelión de los Redactores”. Ello se debió al exceso de presión sobre la temática manejada por los periodistas. El jefe de Redacción, el segundo en la Sala de Redacción, presionaba para que estos tergiversaran el fondo político de la noticia.
La línea editorial, la voz del medio, era pautada en directo desde Palacio del Eliseo a través de su Departamento de Prensa, Información y Relaciones Públicas del gobierno en turno. El Director del diario era una especie de títere. El titiritero era el gobierno.
La Rebelión de los Redactores de Le Monde marcó un hito en la historia del periodismo. Luego, sucedió algo similar en The Washington Post. Pero todo se olvidó, como “un mal amor”.
Se olvidó y esa historia y el motivo de la Rebelión de los Redactores existe en casi todos los medios de comunicación del mundo: Hay que salvaguardar los intereses.
Uno de los mentores del periodismo dominicano, paradigma de la libertad de pensamiento local, en una ocasión dictó un cursillo sobre Redacción Periodística y, al ser cuestionado el hecho de la censura, la censura previa y la autocensura, reprochó y, como “buen” periodista, ipso facto, me censuro.
Veo con extrañezas, pero como conocedor de la materia, que los medios de comunicación o cadenas mundiales aplican el método de la Guerra Fría, de vincular un caso, aunque sea simple, con un objetivo.
He visto que el “Lead” de una noticia comienza con la descripción de un hecho, que por su valor en la población resulta ser importante, sobre la muerte de alguien en un simple accidente fortuito; el redactor (el Jefe de Redacción) titula el hecho que en realidad ocurrió y tres o cuatro párrafos (cuerpo) después del lead (entrada, arranque, primer párrafo que describe de antemano lo ocurrido y en el que se conjugan las seis preguntas especificas sobre un hecho, en muchos de los casos), comienza a tergiversar el hecho del que se trata, a una conveniencia política o económica.
El periodismo en su máxima potencia. En su mejor forma.
Es consuetudinaria la aplicación del objetivo, obviando la norma.
El caso va escalando hacia abajo. Imagínese bajando una escalera. El títere es el Presidente. El banquero es el Presidente del partido del gobierno. El legislador, el inversionista. Luego, más abajo, está el titiritero, el que mueve los hilos; el que mueve el dinero, el que impone lo impuesto. El periodista es el vocero de todos a la vez y hasta habla de más.
Un peldaño más abajo esta el Director del medio. Mismo que aplica las pautas y este le dicta la línea editorial (el lado donde se ubica el medio) al Jefe de Redacción, un peldaño mas abajo.
Otro peldaño mas abajo están los redactores, los articulistas, los directores de secciones. Los redactores y jefes de secciones son los que en realidad reciben el golpe, la presión de la censura previa, que induce a la autocensura, un método privativo y violador de las normas elementales de la libertad de expresarse y difundir su pensamiento. El hombre reducido a su mas mínima expresión.
Al final de la escalera esta el pueblo que consume el medio. El que recibe el producto. La comunicación en todas sus formas es MEDIO, EMISOR, COGNICION, RECEPTOR.
La información se cocina. Se pone la olla, se enciende la estufa, se agregan los condimentos y la carne es el pueblo.
Es una especie de laboratorio. El espécimen se coloca en el microscopio. Se anotan las particularidades. Se le lleva al facultativo que lo estudia y su veredicto, como un juez, será la receta, la cual se ataca al dedillo.
Si analizamos lo que ocurre en Ucrania, fuera de cualquier interés en una de las partes, vemos que los medios se contradicen, como si nadie analizara y llevara anotaciones, desvirtúan toda regla elemental y se colocan cual boxeador con su sparring, en su esquina y una toalla en la mano por si acaso.
El periodista es como una bola de pingpong. Tanto uno como el otro la manda adonde le conviene que llegue.
Analizar las noticias del caso conlleva una verificación de la triste realidad de los medios de comunicación, su participación en los hechos publicados y su interés en ellos como en el mercado de las purgas. Ya ni se guardan las apariencias. Ya ni se le pone un mantel a la mesa. Los comensales solo mastican acremente y van al baño sin reparar en observar el resultado. Simplemente estamos consumiendo opiniones vertidas subrepticiamente en las noticias. Es como escribir un artículo de corte personal y publicarlo como de interés general. Un acabose. Es como un terremoto constante al que nos acostumbramos y luego desaparecen los vértigos.
El periodista debe ser imparcial cuando su medio no es del Estado. Es una quimera. Debe ser leal, analista objetivo, veraz. Eso me enseñaron Adriano de la Rosa, Hipólito Adames, Alejandro García Ramírez, en Cibao Informativo, de Radio Cibao, uno de los noticiarios más escuchados en las décadas de 1970-1980.
La República Dominicana tiene una muy rica historia del periodismo. Tenemos grandes mentores y propulsores de la libertad de expresión y difusión del pensamiento (antigua Ley 1632). Lamentablemente, muchos fallecieron asesinados en el ejercicio de sus oficios. Gregorio García Castro (1973), Narciso González, conocido como Narcisazo, 1994, Luis Orlando Martínez Howley (1975) y muchos mas que murieron blandiendo como su arma un lapicero y una cuartilla de redacción. Muertos tanto por gobiernos de turno, como por intereses económicos y narcotráfico. Pocos han fallecido a causa de intereses particulares. Eso ocurre en la República Dominicana, como en cualquier país del mundo. Solo nos diferencia la bandera. El asta es la misma.
Hay que andar “mosca”.
El mal asecha.
Los intereses se imponen.
El crimen prospera.
La justicia calla.
La impunidad socaba los pilares de la sociedad.
carlos ricardo fondeur morontacarlosfondeurmoronta@hotmail.