Por Manuel Hernández Villeta
El poder tiene que ser compartido. Todo poder absoluto lleva a la dictadura, o el desconocimiento de la participación democrática. La existencia del verdadero gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, es el consenso para hacerlo participativo.
Una cosa execrable es la división de poder como pago por servicios económicos, electorales o políticos. Cuando se usa un machete para descuartizar el poder democrático, se va camino de la anarquía. Nunca se puede distribuir con fines de satisfacer ambiciones personales o grupales.
Pero es bueno para la democracia y la afirma, cuando el poder se divide entre los distintos segmentos sociales, y a cada sector, de acuerdo con sus factibilidades humanas, técnicas y profesionales, se la da la oportunidad de que pueda desarrollar sus actitudes.
Hay que partir de que los partidos políticos son un frente de masa disperso, que se une en la acción, pero donde cada segmento tiene propósitos particulares, que en ocasiones son contradictorios. La función estelar de un lider es cuando de ese frente de masas, fragmentado por naturaleza, hace una argamasa de unidad, que pone a su servicio, por el bien general.
Las revoluciones también son frentes de masas dispersos, que al momento de buscar la unidad y la acción se conforman en una solo. Siempre está en el tapete de las revoluciones, hasta cuando se podrá mantener la unidad.
Como esas son acciones donde la violencia y las armas están por encima de la concertación y el diálogo, se impone un sector que es el que más fuerza tiene, y aplasta al otro. Lo hicieron los bolcheviques, derivados hacia el gobierno de Stalin, y la revolución francesa, donde el caos se adueñó del proceso y los organizadores de ese acto popular fueron decapitados.
Para llegar al poder tiene que haber continuismo y renovación. Un partido que está en el poder si deja la idea del continuismo colectivo, se va al zafacón. Puede que no haya continuidad de un hombre, pero si del grupo. Es una ilusión, pensar que con sólo caras nuevas y un programa de gobierno, – que no interesa a las masas-, preparado a la carrera, se puede llegar al poder.
Entre el cielo y la tierra hay pocas cosas nuevas. Todo se transforma y toma nueva cara. Para el que está en una maquinaria política-partidista, antes de sepultar lo existente para levantar nuevos pedestales, tiene que pensar en la transformación y la renovación.
Un acto político es la suma de lo negativo y lo positivo que queda atrás. El pasado no se puede sepultar, sino estudiarlo, disecarlo y extraer experiencias. Lo demás es falto de visión de liderazgo que como en el caso de Icaro, no se tiene fuerzas propias y se quiere volar tan alto, que finalmente el sol derrite las alas de cera y los osados se estrellan contra los arrecifes.
2014-12-09 00:04:09