EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
«El agua es el elemento más esencial para la vida y de nuestra capacidad de salvaguardarla y compartirla depende el futuro de la humanidad. Animo, por tanto, a la comunidad internacional para que vigile que las aguas del planeta estén debidamente protegidas y que nadie sea excluído o discriminado del uso de este bien, que es un bien común por excelencia».
Estas palabras corresponden a la exhortación dirigida al mundo el domingo por el Papa Francisco I, desde Ciudad del Vaticano, en ocasión de estarse celebrando el Día Internacional del Agua, declarado por las Naciones Unidas.
Se trata, como apunta el popular ocupante de la Silla de San Pedro, del recurso más esencial para garantizar no solo existencia de los seres humanos sino la vida animal y vegetal, que nos sirve de sustento.
Sin embargo, es un recurso que de manera irresponsable hemos ido agotando en vastas regiones del planeta. Hoy la proporción de agua potable o dulce en la tierra es de apenas el 2 por ciento del total. No es de extrañar que algunos analistas que se precian de futurólogos, pronostiquen que la III Guerra Mundial tendrá lugar por el control del agua de consumo.
¿Cómo recibimos aquí tan importante jornada? Con una declaración del director general de la CAASD, Alejandro Montás, recordando que tan solo en la ciudad de Santo Domingo se pierden 200 millones de galones de agua cada día. Una pérdida que es irrecuperable.
¿Las razones? Por un lado, las fugas de la red de distribución debido al estado de avanzado deterioro de las tuberías para conducir el agua lo que corresponde al área de responsabilidad de la CAASD y por el otro, al despilfarro por parte de los usuarios, lo cual es ya un problema de falta de conciencia ciudadana sobre la importancia del empleo responsable del preciado líquido. En más de una ocasión, se ha divulgado que el consumo per cápita de agua por parte de los dominicanos excede con mucho el promedio mundial y el que se considera suficiente para atender las necesidades básicas de alimentación e higiene.
Pero el problema no se circunscribe solo a la urbe capitaleña. Crónica la casi impune depredación de los ríos y la escasa atención en la preservación de las cuencas hidrográficas. Tan persistente ha sido la explotación irracional de las fuentes y corrientes de agua, que geógrafos señalan que en apenas poco más de un siglo ha desaparecido una cantidad apreciable de ríos y arroyos de nuestro mapa territorial.
Vale destacar, sin embargo, que de unos años a esta parte, se ha hecho patente en algunos espacios de la sociedad la necesidad urgente de defender las fuentes de provisión de agua potable, lo que ha originado la creación de grupos y entidades que trabajan en esa dirección. En este sentido están haciendo una labor encomiable y merecedora del más firme apoyo.
La CAASD, por su lado, viene reclamando desde hace mucho recursos para rehabilitar las redes de distribución del acueducto de la capital. El plan requiere de una inversión elevada pero necesario y cada vez más imperativo.
Es preciso también que se mantenga una amplia campaña de toma de conciencia sobre la importancia del vital recurso agua. Y de igual modo, que las autoridades pongan el mayor empeño en preservar las fuentes de aprovisionamiento, entiéndase cuencas hidrográficas, ríos y arroyos.
Dicho en sentido figurado pero no menos cierto: pese a la importancia que reviste en el mundo moderno, podemos subsistir sin petróleo pero no sin agua. Y esto es una verdad como un templo.
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2015-03-24 22:36:17