EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla.
Hace ya bastantes años, varios antes de acogerse al merecido descanso del retiro bien ganado, aquel maestro de la pluma que fue Rafael Herrera, quien conjuntamente con Germán Ornes, cubrió toda una época de gran brillantez del periodismo dominicano, acuñó una frase feliz cuando afirmó en uno de sus editoriales que República Dominicana era un país de sobrevivientes.
Realmente lo ha sido y aún lo sigue siendo por muchos motivos. Pero hoy solo haremos mención a dos situaciones que ponen en riesgo la salud ciudadana: una que está ocurriendo y otra que constituye un grave peligro potencial.
A la categoría de la primera corresponde el impactante y revelador serial de artículos que bajo la firma de Minerva Isa, una de nuestras más talentosas periodistas de investigación, ha venido publicando el diario matutino Hoy, sobre las penosas y gravísimas condiciones de insalubridad en que operan las llamadas cocinas callejeras. Se trata de esos negocios, las más de las veces improvisados, que preparan y sirven comidas al público conservadas, manipuladas y preparadas en las condiciones más antihigiénicas que pueda concebirse, violando todas las más elementales normas sanitarias.
Precisamente en la última entrega, la periodista Isa destaca el uso de aceites reusados para cocinar los alimentos, conteniendo partículas tóxicas, altamente contaminantes, que afectan la salud y son responsables en gran medidas de la elevada incidencia de enfermedades cardiovasculares que se registra en el país y afectan y abrevian la existencia de miles de dominicanos, todo ello a plena luz del día, en sitios públicos, con pleno conocimiento y total indiferencia de las autoridades sanitarias.
El otro, que pone a riesgo potencial la salud pública, es el constituido por lo que el prestigioso geólogo Osiris de León llama «las bombas bacteriológicas». Estas no consisten en ninguna exótica bacteria importada de otras latitudes, sino que es de factura doméstica y son consecuencia de la ausencia de un alcantarillado sanitario en la ciudad de Santo Domingo y la falta de plantas de tratamiento para las aguas residuales, también llamadas aguas negras. Estas están formadas por los desechos fecales que van filtrando el subsuelo y contaminando las aguas de consumo humano.
En este caso estamos hablando tanto del indispensable líquido que ingiere una gran cantidad de familias cuyos escasos recursos no les permite adquirir ninguna de las aguas tratadas que se expenden en el mercado, como el que se utiliza para cocinar los alimentos y el aseo personal.
La bandera de alerta en este caso no es solo ondeada por Osiris de León, sino también por un destacado profesional médico, el doctor Jesús Feris Iglesias, especialista en Infectología de larga experiencia y reconocido prestigio, quien advierte sobre la posibilidad de una epidemia que califica de «proporciones catastróficas», que pudiera producirse como consecuencia del estallido de estas «bombas de tiempo», cargadas de bacterias altamente dañinas a la salud y con potencial riesgo de muerte.
Si en el primer caso, el de las cocinas callejeras, no se están aplicando las urgentes medidas sanitarias correctivas como resulta de orden, en el segundo tampoco se están dando los pasos requeridos para prevenir las posibles consecuencias de las «bombas bacteriológicas».
Ambas situaciones que ponen en tan alto riesgo la salud pública, otorgan razón y sentido a la sentenciosa frase de don Rafael confirmando que efectivamente el nuestro, que la musa de Pedro Mir colocó en el mismo trayecto del sol, es un país de sobrevivientes.
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2015-09-01 20:35:58