Por Manuel Hernández Villeta
El doctor Joaquín Balaguer ya es parte del pasado, y comienza a correr en torno a él el análisis histórico. Es uno de los personajes centrales del siglo XX dominicano. Fue un intelectual de valía, que hizo de la política los latidos de su corazón.
Metido de lleno en el gobierno de 31 años de Rafael L. Trujillo parecía imposible que Balaguer pudiera sobrevivir a ese régimen, y tener vida pública luego de que fuera alejado de su cargo de presidente, y escapara buscando asilo en la Nunciatura, que hacía patio con su casa.
Pocos políticos dominicanos estando fuera del poder, golpeados por los acontecimientos, han podido reciclarse. Entre la intervención militar norteamericana, la anarquía política y el nacimiento de la tirania Trujillista, se pueden colocar los pasos iniciales en la vida nacional del doctor Balaguer.
Lo hemos escrito varias veces, utilizando pensamientos históricos: el hombre es producto de su devenir social, de su coyuntura, de sus circunstancias. La revolución de abril del 1965 se cristalizó para lograr el retono a la constitucionalidad sin elecciones, pero sus efectos colaterales fueron la intervención militar norteamericana y los doce años del gobierno del doctor Balaguer.
Una de las etapas más negras de la historia dominicana fueron los doce años. Balaguer dio connotaciones de ser un déspota ilustrado, actuando con puño de hierro contra los opositores y manteniendo una constante relección.
Al perder en el 1978 del Partido Revolucionario Dominicano y Don Antonio Guzmán, parecía que Balaguer estaba ya aniquilado. Sus más allegados seguidores le abandonaron y tal vez por primera vez en su historial político conoció la soledad de no estar en el poder.
Sus caminatas en el Mirador Sur eran un ejercicio solitario. Solo un puñado de sus más fieles colaboradores le acompañaban. Lucía imposible que ese hombre enfermo y en edad avanzada, pudiera hacer un retorno al poder, sobre todo con el lastre de los doce años.
Las luchas intestinas del Partido Revolucionario Dominicano catapultaron de nuevo al poder al doctor Balaguer, quien aflojó la mano de hierro, aunque mantuvo su eternización del poder con reelecciones donde se olia el fraude. Llegó el momento del adios definitivo del Palacio Nacional, cuando el doctor José Francisco Peña Gómez le obligó al acortamiento de su período en dos años y llamar a elecciones.
Sólo cuando se escriba la historia lejos de las pasiones de hoy se podría tener un juicio claro de Balaguer. Esa evaluación que no será imparcial tendrá que demostrar si se limpió su imagen siendo el apoyo fundamental para que llegarán al poder el PLD y luego el PRD. Mi percepción, es que nunca se podrá borrar de su historial la sangre de los doce años, y su calificación de ser un déspota ilustrado.
2015-09-05 07:54:42