Por Manuel Hernández Villeta
La economía dominicana está llena de fantasías. Tiene muchas caras. Cada una puede satisafacer deseos e inquietudes de sectores determinados. Como pasa en el espacio del gran capital, hay una desigual distribución de las riquezas.
Los graves problemas de la economía, vienen de que los sectores bancarios y productores de empleo sólo ven la macro, la estratósfera, donde se invierten millones, se ganan millones y en ocasiones se pierden millones de pesos o dólares.
Pero hay otra cara de la economía, que es la del plato del día. El gobierno tiene que fortalecer la economía del plato del día, es la que siente y padece la mayoría de los dominicanos.
Si, aunque los más sofisticados de los economistas les parezca una simpleza, hay una economía del día a día, y sobre ella tiene su base de sustentación la macro-economía. Sin obreros que vendan su fuerza de trabajo y su sangre, no puede generarse riquezas en un país.
El capitalismo lleva en sus entrañas las dos caras de Jano; hambre y miseria, marginalidad y vida en rosa. Es vivir fuera de la realidad de los dominicanos del siglo 21 pensar que todo está bien en la macroeconomía, sin echar una ojeada al precio del plátano y del pan.
Hay que ir al rescate de los que viven fuera del círculo, donde no hay trabajo, no hay ahorro, no hay escuela ni educación, no existe la asistencia médicos, la vivienda es un hueco y los servicios públicos son de escasez de agua, suspensión de energía por 24 horas y el transporte es en carro de conchos que parten la ruta cada tres cuadras y cobrar un mínimo de 25 pesos.
Los problemas existenciales dominicanos sobre-pasan las posibilidades electorales del venidero año. Son males que están enquistados en el tuétano de la sociedad. Se tornan imposibles de ser exterminados. Son las consecuencias de cuando se mezclan inversionistas y Estado. Hay una línea delgada por donde transitan, que hace imposible ver donde terminan los intereses de cada cual.
El presidente Danilo Medina tiene una fina sensibilidad social, y de seguro que él hará el esfuerzo para ir mejorando las condiciones de los que viven en la economía del plato del día. Con los préstamos sociales se hace buena labor, al igual que con las visitas sorpresas. Pero, no obstante, hay un sector que está por debajo de esa línea de pobreza.
Lo primero es rescatar la esperanza. Los sectores marginales dominicanos tienen poca fe en el futuro. Por decenas de años, su futuro ha sido negro, lleno de sangre, de luto y de locuras que se quedan a medias. Sin esperanza, el hombre languidece en un bohío esperando que le llegue la hora.
Con seminarios teóricos de lucha contra la pobreza no se va a conseguir nada, por consiguiente la hora es de lucha, de concertación, de solidaridad y de hacer frente a los graves males que amenazan con postrar a la sociedad dominicana.
2015-10-18 23:58:21