Opiniones

LAS ELECCIONES VENEZOLANAS

EL TIRO RAPIDO

Las evidentes irregularidades y el creciente clima conflictivo con que se está desarrollando la campaña electoral de Venezuela, imponen seguir muy de cerca el desenvolvimiento de los ya casi inmediatos comicios legislativos y sus posibles consecuencias.

Hasta ahora, todas las encuestas que se han efectuado arrojan una abrumadora ventaja para la oposición, que ha ido en escala creciente en la misma medida en que el apoyo al régimen que encabeza Nicolás Maduro se ha ido desplomando hasta computar apenas un 25 por ciento.

Ni la prisión ilegal de sus opositores como Leopoldo López y el popular alcalde de Caracas así como la arbitraria sanción impuesta a la carismática y combativa María Corina Machado, la más votada diputada en las pasadas elecciones, despojada de su curul e invalidada para aspirar en las presentes, hasta el reciente asesinato de un líder opositor en el curso de la cada vez más subida de tono campaña comicial, han podido revertir esta tendencia de repudio a la desastrosa gestión de Maduro.

La pertinaz negativa de Maduro a permitir la defensa de López por parte del respetado ex presidente de España, Felipe González y su rechazo a la petición de un nutrido contingente de ex mandatarios latinoamericanos de visitarlo en la prisión, a los que respondió con una sarta de improperios, confirman el virtual secuestro a que se encuentra sometido el mismo, después de un juicio amañado, plagado de pruebas falsas, como reveló el hoy exiliado fiscal que llevó entonces el peso de la acusación.

El gobierno ha apelado a todo tipo de artimañas para impedir su derrota electoral que se advierte aplastante. Desde el control total del organismo electoral que dirige el montaje del proceso al empleo abrumador de los medios de comunicación, casi todos en sus manos o sometidos a su voluntad. El empleo de la propaganda comicial a favor de los candidatos oficialistas frente a sus opositores se registra en una abusiva proporción de cien a uno.

A todas las apelaciones dirigidas a Maduro por personalidades y organismos internacionales para propiciar un clima de garantías y la celebración de un evento democrático y transparente, el presidente prácticamente dictador de Venezuela, ha respondido con indiferente desprecio en unos casos o con ofensivo lenguaje en otros.

Así, sobre la áspera epidermis del gobierno mal llamado bolivariano, no hizo la menor mella la exhortación suscrita por decenas de intelectuales de prestigio mundial, encabezados por Mario Vargas Llosa para el montaje de unas elecciones limpias. En cambio, respondió con la más grosera y agresiva arrogancia a la que por otra parte, calzó la firma de destacados jefes de Estado y líderes europeos, encabezados por el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron, bajo la consabida acusación por parte de la Cancillería de Venezuela de ser títeres al servicio del «imperialismo estadounidense», la abusada excusa con que el régimen ha tratado de arropar, una y otra vez, el reiterado estrepitoso fracaso de su gestión.

Hoy Venezuela, una de las primeras potencias petroleras del mundo, poseedora de enormes riquezas no desarrolladas por la falta de visión, incapacidad, exagerado populismo y costoso afán de protagonismo continental del desaparecido Hugo Chávez y su continuador Maduro, constituye una penosa caricatura del país que pudo y debió ser hundido en el nivel de inflación más elevado del mundo, creciente desempleo, crítico desabastecimiento, galopante corrupción, criminalidad en continuo aumento y vergonzosa entrega de su soberanía. Cada vez más desinflada la burbuja chavista y dirigido por una figura que es la suma de todas las ineptitudes, no es de extrañar el seguro resultado adverso que le arrojarán las urnas.

Negado a recibir a los observadores de la OEA, la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, extraña y cabe preguntar qué papel podrán desempeñar los ex presidentes Leonel Fernández y Manuel Samper como garantes confiables de un proceso viciado desde la raíz por todas las arbitrariedades en que ha incurrido el gobierno, cuya intervención ya ha sido prácticamente descalificada por la oposición. Es un peligroso juego sin posibilidad de ganancia para los dos, cualquiera que sea el resultado que arrojen las urnas.

Por el contrario, con el total desplome de los cada vez más precarios restos del prestigio de Maduro y su gobierno, ambos corren el riesgo cierto de ver mellado el suyo propio.

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2015-12-05 02:12:19