Por Manuel Hernández Villeta
La mitad de la población dominicana se encuentra fuera de los medios de producción. Estadísticas de sectores económicos indican que aumenta la marginalidad y se torna cada día más difícil dar el salto social de forma colectiva. Llegamos al 2016 impulsados por esperanzas, pero también marcados por sueños rotos e insatisfacciones.
El país necesita cambios profundos, cambios dentro del establecimiento, cambios dentro de la democracia, preferiría variantes de sistema y sustanciales, pero hoy ese es un espejismo y mucho se lograría si se da un paso certero hacia la democracia, como sería una mínima distribución de las riquezas, libertad y respeto al derecho a la vida.
Es un año de elecciones y lo económico estará en la punta de lanza. Ese ejército de desocupados, que tiende a ser conservador a más no poder, es la orilla de la llamada mayoría silenciosa, y su inclinación dará la victoria a uno de los contendientes.
Para que la República Dominicana logre un desarrollo con sordina pero con una distribución equitativa de los recursos económicos, se hace necesario cambiar los linderos de una política que cada día favorece a los más ricos, a los nuevos ricos, pero lleva a la marginalidad a millones de dominicanos.
En un país donde casi todo está a la oferta y la demanda, no es difícil imaginar cuál es la suerte de ese ejército de desempleados, sin acceso a los programas de salud, a las escuelas, a la enseñanza superior y sin ser entes impulsadores de los negocios independientes, o sea de la pequeña y mediana empresa.
Vivimos en una situación explosiva, de pronta emergencia, si tomamos en cuenta el nivel del desempleo, y como la corrupción es un cáncer que está llevando a la agonía a la República Dominicana. Estamos al borde del abismo, y solo una genuina política de cambios, de aperturas, de nuevos ingredientes, nos podrá salvar.
No creo en programas de gobierno, porque casi siempre eso es letra muerte. Son papeles para la campaña electoral. Se gobierna de acuerdo a las coyunturas y los compromisos. Esa es la gran realidad. Ningún gobierno puede estar por encima de las limitaciones que le impone la carga empresarial y de los sectores mediáticos del sistema.
En este año hay programadas elecciones presidenciales, municipales y congresuales. Los candidatos, sean de la oposición o de la reelección, deben tomar en cuenta que las viejas fórmulas de la política dominicana tienen que ser echadas al zafacón y traer nuevas ideas y programas de emergencia, para salvar a un buque que hace aguas.
Tenemos esperanzas de que lleguen las mejorías sociales, a pesar de la terrible hora que vivimos.
2016-01-03 22:41:14