Por Manuel Hernández Villeta
La economía dominicana parte de gruesas desigualdades. Hay crecimiento y pobreza. Es la eterna mala distribución de las riquezas. Hay pocos ricos y muchos pobres. Es difícil terminar con la riqueza desmedida en el marco de un salvaje capitalismo naciente, pero algo se tiene que hacer.
Teóricos de la economía plantean la necesidad del capitalismo con rostro humano. En pocos países se ha dado esa combinación: capital y hambre sonrientes. Regularmente la acumulación económica no tiene sonrisas, ni conoce de planteamientos humanos. A lo más que llega es a la asistencia social focalizada, con fines propagandísticos.
En los países del tercer mundo se torna necesario que se de el capitalismo de nuevo cuño, donde se extraiga riquezas, pero también se piense en el estomago de los desamparados.
Con la creciente proletarización de la clase media, se torna explosivo el sostenimiento de la paz. Se hace necesario ahora tener el rostro y las acciones humanas. Hay que comprender que el crecimiento económico tiene entre sus efectos colaterales, el aumento de la miseria.
La República Dominicana experimenta un crecimiento económico que es cierto. Está en la supra-economía, sin tocar ni beneficiar a las masas irredentas. Al desamparado hay que garantizarle la comida, la salud, la educación, la vivienda, el trabajo y una vida más digna.
La simple producción y acumulación de la riqueza no cambia ese panorama, por el contrario, sepulta en la marginalidad a miles y miles de dominicanos que se encuentran imposibilitados para salir del hoyo del abandono y la exclusión.
Cierto que es un mal de años, casi de un siglo, cierto, pero los cambios los exige la sociedad de hoy que está pensando en el futuro. La ola de delincuencia, sicariato, narcotráfico y otros males que sacuden a la sociedad dominicana salen de esa mala distribución de la riqueza y del desamparo social.
Puede el gran capital vivir en armonía con la pobreza, pero cada uno debe comprender su rol, o más tarde sobrevendrán los estallidos sociales. Las luchas comunitarias y las pobladas no son invento de poetas o escritores afiebrados sin nada que hacer. En cualquier país que se profundice la miseria social, puede ocurrir un estallido de grandes proporciones.
La Republica Dominicana puede ganar un espacio para la convivencia. La solución no está en los resultados de un proceso electoral, donde no se buscará el equilibrio social, sino, como mucho, a mitigar los cuadros de desamparo. Tiene que comenzar el maquillaje para dar un rostro humano al capitalismo, para que su crecimiento y ganancias se traduzca en un reparto equitativo de las riquezas y que en verdad se saque de la extrema pobreza a los irredentos de esta tierra que todavia tiene esperanzas. Sino, puede llegar el diluvio.
2016-01-10 22:33:39