Por Manuel Hernández Villeta
El paro de los médicos es una muestra de la intolerancia que carcome a la sociedad dominicana. Hay ausencia de diálogo y de respeto a la vida humana. Pasa lo mismo con la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde la sin razón es la norma de las actuaciones diarias.
Los médicos huelguistas perdieron el derecho de llevar humanidad en su corazón. Actúan como victimarios de los más pobres, de los que carecen de los recursos para ir a una clínica privada. La demanda de mejores salarios para los galenos no puede caer sobre las costillas de los desgraciados de la población.
Waldo Ariel Suero tiene un falso ropaje de ser un hombre de combate y de energía. Solo acciona su brazo para los jodíos. Nunca Ariel Suero ni el Colegio Médico Dominicano se ha ido a un paro de labores en las clínicas privadas.
En el sector público hay abandono, malos tratos, sueldos reducidos y exceso de trabajo, cierto, pero en las clínicas privadas es peor, y no existe el derecho a la protesta.
Los pacientes que van a las clínicas privadas tienen dinero para pagar las consultas o seguros médicos, y eso les da opciones para no morirse sin recibir la asistencia debida. El que va a los hospitales se acuesta en el piso con un dolor, y espera la muerte mientras los médicos se van a la huelga.
El Colegio Médico desapareció para seguir siendo una Asociación de Médicos. Esa falta de visión de sus dirigentes no la tiene que pagar el pueblo pobre. Es necesario que la ola de paros se suspenda y se vaya a la mesa de discusiones.
Para conseguir reiivindicaciones sociales no hay que golpear en la cara a los más pobres de la población, a los que se encuentran totalmente abandonados a su suerte. Es hora de responsabilidades y dejar a un lado un sindicalismo calenturiento, pero de un solo lado.
En cuanto a la Universidad Autónoma de Santo Domingo hace tiempo que se debió de dar una baja del Consejo Universitario. La burocracia se ha hecho cargo de la vida universitaria. A los profesores no les importa la enseñanza, solo el cheque mensual, y los trabajadores hacen lo que les viene en gana. Los estudiantes se han convertido en eternos ocupantes del pupitre, mal preparados, sin vocación y sin futuro.
Ya pasaron los tiempos en que la UASD era un faro de la lucha popular, hoy es el recinto donde se cobija la hipertrofia profesional e intelectual. Si la UASD no puede dar un paso la frente y entrar al siglo 21 deben todos sus servicios ser privatizados. El Estado no puede seguir manteniendo esta anarquía en la casa de altos estudios.
2016-02-04 16:07:15