Por Manuel Hernández Villeta
La Feria del Libro es una actividad castrada por sus ñoñerías. Debería ser una institución, pero se queda más bien como una fiesta de editores para vender libros. Por Dios, se ha dado el vergonzozo acto de que se han construido casetas de expòsición por valor superior al millón de pesos, para luego ser demolidas en dos semanas.
La cultura no es vender libros, ni hacer exhibición de editores, o invitar personalidades internacionales. Para la muchachada es un día sin ir a las aulas, y con facilidades para comer emparedados y saborear helados.
Hay que cambiar la idea de una feria del libro hecha para que se destaque un ministro de Cultura. Hay que ir a un origen que nunca nació de que lo primero es crear el deseo de lectura de la juventud, y satisfacer la vena de investigación de los adultos.
A tropezones y siendo un gasto que no da frutos, se ha podidio realizar la Feria del Libro todos los años. Tenía la esperanza de que en esta entrega se limaran algunos puntos negativos de las anteriores. No será así.
La Feria del Libro, o los organizadores de ese evento, ya le echaron una vaina al gobierno, al presidente Danilo Medina, y no se llega al día de inauguración. Ya la feria donde se exhiben libros tiene una sombra negra, que nadie ni nada podrá borrar.
La simple invitación de que asista a la Feria del Libro un escritor como Mario Vargas Llosa podria ser un homenaje huero. Que se le entregue un premio, que todavía carece de fuerza y representatividad, como el Pedro Henríquez Ureña, es una afrenta al patriotismo nacional.
Pedro Henríquez Ureña no necesita presentación, pero a este premio le hace falta crear su propio pedestal, ser representativo, entregárselo al que lo merezca, y no dar palos a ciegas con el mismo.
Al ser entregado en un evento oficial de la cultura dominicana este premio tiene un contexto político y humanista. Vargas Llosa como político y escritor atenta contra la territorialidad y la nacionalidad dominicana. Poco patriotismo y compromiso cultural hay en el grupo que votó para entregarle un galardón que no merece.
El hombre no puede estar a un lado de sus circunstancias. Vargas Llosa podrá tener todo el mérito literario que usted quiera, ser uno de los mejores y más laureados escritores del mundo, pero entregarle un premio nacional, en una Feria del Libro dominicana, es una afrenta al decoro nacional.
Las ideas se combaten con las ideas. Los puntos encontrados que tengo con la literatura de Vargas Llosa los enmarco en la crítica literaria. Ahora, que se premie al que aguijonea a la conciencia nacional, es una vergüenza y una falta de respeto de quien lo dispuso.
2016-02-09 02:01:05