Por Manuel Hernández Villeta
Al periodista dominicano le ha tocado jugar un duro papel, a costa de sangre y fuego, en la lucha para el sostenimiento de las libertades democráticas. Hace unos años, ejercer el periodismo en la República Dominicana era un oficio sumamente arriesgado. Ahora, para algunos, es muy lucrativo.
Pero también había un gran peligro para la vida de los ciudadanos. Las instituciones eran de cartón y el derecho a la vida, no tenía importancia. Fueron años de intolerancia social y política, donde se acalló el derecho de los dominicanos a decir la verdad.
El principal papel del periodista en una sociedad es ser voz y conciencia de los que no pueden hablar y conocer en carne viva los atropellos y los vejámenes. Si el periodista olvida la esencia de su profesión se convierte en un simple mercader que vende sus ideas por pulgadas en los periódicos o por segundos en radio y televisión.
Cuando en el país se machacaba la libertad de pensamiento, de palabra y de expresión, como en el caso de los doce años, los periodistas jugaron su rol en forma valiente y decidida. No se puede traer nombres de personalidades, todos jugaron un papel.
Quizás los que más se expusieron en la balanza del peligro fueron los simples reporteros que teniendo únicamente por escudo una grabadora o un bolígrafo desechable se la jugaron a cara o cruz para difundir la verdad. A veces cometemos el pecado de que vamos en busca de nombres sonoros y nos olvidamos de los héroes desconocidos.
Fueron y son como el soldado desconocido, que quizás fue el más fiero en el combate, pero se desconoce su rango, sus obligaciones, su sacrificio. Debemos aprender a rendir honor y reconocimiento a todos los que en las tres últimas décadas han realizado un periodismo responsable y sin claudicaciones.
Culpa del tiempo, de las necesidades, de la irresponsabilidad, de la falta de enseñanza de la ética en las escuelas de periodismo, ha surgido hoy el comunicador que entrega su opinión a cambio de un puñado de papeletas, o de favores especiales. Los hay a todos los niveles. Productos del reflujo político y social, y de una sociedad que piensa cada día más en los beneficios y tranquilidad personal y no en razones colectivas.
Es hora de revisar entuertos y diabluras, pero también instante preciso para felicitaciones y sobre todo, para que se comprenda que la esencia máxima de la información es la verdad, difundir la verdad y defender la verdad. Libre será el que la difunda y libre el que la reciba. Ya está en nuestro escudo y en las Escrituras?»Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres»…
2016-04-05 00:00:14