Por Manuel Hernández Villeta
Plantear un Gobierno unidad nacional es interesante, pero si se hace en el marco de un torneo electoral podría ser rechazado por diferentes sectores. Lo trascedente es que cuando las pasiones están al rojo vivo no puede haber unidad de grupos que tienen intereses diferentes.
La unidad nacional no es sencillamente que todos los sectores estén en paz, en armonía y sin choques. Plantearlo solamente de esa forma sería una afrenta a las grandes mayorías nacionales. La unidad debe ser el reparto equitativo del trabajo, de los excedentes de riquezas y de las responsabilidades nacionales.
No puede haber un gobierno de unidad nacional si no se plantea que haya menos ricos y menos pobres. Las desigualdades siempre vienen de una mala distribución de las riquezas. No es por meras palabras, o el color del pantalón o de la falda, la acumulación y reparto del capital es lo que produce la división social.
En consecuencia, para plantear unidad nacional se hace necesario tener también a la mano un programa de rápida creación de nuevos empleos, de ampliar los programas sanitarios, de modernizar el sistema educativo, de dar la mano a los que están tirados en el medio del fango, y a los cuales la desesperación ahoga. ¿Cómo haber unidad, donde cunde la división?
La unidad surge dentro de la diversidad. Para una acción inmediata y con fines bien específicos, se puede dar un frente unitario entre obreros y patrones, capitalistas y chiriperos, pero sería -como se decía en los viejos tiempos de la izquierda- una unidad para la acción.
Cada quien maneja sus individualidades, su lucha personal y sectorial por un mundo mejor. No puede haber unidad donde pocas familias detentan la riqueza y miles de desarrapados sólo conocen las amarguras.
En la República Dominicana a lo largo de la historia reciente se ha hablado de gobiernos de unidad, pero nunca esa premisa se ha cumplido. Si hay alianzas entre partidos políticos y grupos que buscan conseguir o mantener el poder, pero sin hacer una verdadera revolución.
Por tanto, lo ideal sería ahora mismo una alianza para hacer frente al hambre, a la miseria y a las desigualdades sociales. No hay lucha entre dictadura y democracia, sino brazadas para sobrevivir la crisis. La democracia no pasa de un mito deslucido, si no es capaz de cristalizar la justicia social.
2016-04-27 11:13:49