FRANKLIN ALMEYDA RANCIER
Leonel ha repetido, a lo largo de seis procesos electorales, desde 2004 hasta este de 2016, que el PLD ha participado «por estar embullao, porque sabemos que estamos ganao». Efectivamente, el PLD ha ganado, y ahora ocurrirá igual, seis veces con más del 50% de los votos, constituyendo un hecho histórico que nunca antes ha sucedido en el país en democracia.
Parecería que el PLD se siente cómodo con ese predominio electoral, que lo hace un partido con una decisiva presencia en las instituciones del Estado. La democracia es diversidad partidaria, como expresión de los diferentes sectores económicos y sociales.
Se ha llegado a afirmar que se trata de una dictadura de partido. Lo cierto es que los diversos y principales sectores nacionales se sienten representados en esta organización política, por haber garantizado estabilidad y crecimiento macroeconómico, gobernabilidad y gran apertura democrática.
El PLD se ha convertido en un encuentro de fuerzas sociales, económicas y políticas que aspiran al progreso con inclusión.
En su seno cohabitan expresiones que, aún guardando diferencias, tienen como objetivo común lograr lo que hasta ahora ha puesto en ejecución en sucesivas gestiones de gobierno.
Sin embargo, en la acera de enfrente lo que hay son organizaciones políticas que se muestran incapaces, en conflictos y sin futuro; no tienen futuro porque no han entendido que el pueblo dominicano tienen el progreso como su principal agenda.
Esos grupos de la acera de enfrente saben que la derrota electoral será esta vez como una especie de aniquilación, puesto que sus fuerzas disminuyen. Se ven reducidos a la impotencia y a la dispersión.
Esta situación no nos parece lo mejor a muchos peledeistas. Los grupos no tienen interés ni entusiasmo en participar en los comicios y el PLD «va a participar por estar embullao, pero sabemos que estamos ganao». Ambos contextos descritos, representan situaciones que podrían conducir a la ingobernabilidad.
El PLD está llamado a envolverse hacia sí mismo buscando sus integrantes posicionarse como dirigentes para lograr cargos públicos, descuidando sus objetivos de proyecto de nación. Para evitar enredarse en sus propias patas, el PLD debe redefinir su curso y dar el salto a la modernidad y convertirse en una organización política digital.
El PLD no debe descuidar su fortaleza, para no caer en debilidades, puesto que terminado este proceso electoral deberá, además de modernizarse, estar vigilante de un comportamiento perturbador desde la acera de enfrente, donde están los grupos políticos que ya saben que están derrotados.
Hay manifestaciones y señales claras de que esos grupos no quisieran que se celebren estas elecciones. Aunque tratar de evitarlas es y será quimérico. Pero eso mismo los llena de impotencia y agresividad.
Esa agresividad se pudo ver cuando un joven arroja dos molotov a la Casa Nacional del PLD (no logró producir daños) y proclamó que «está jarto del PLD», (debió decir que estaba jarto de estar en la oposición), o cuando el PRM proclama que se deben «desarmar los equipos» tecnológicos a ser aplicados en el proceso electoral por la JCE.
Es evidente que esos grupos pueden colocarse en un estado incontrolable y provocar hechos indeseables de forma sucesiva, buscando crear un ambiente de ingobernabilidad. La respuesta debe ser fortalecer el estado de derecho y la vigencia del régimen democrático.
El autor es miembro del CP del PLD, ex Ministro de Interior y ex Rector de la UASD.
2016-05-09 08:48:01