EL TIRO RAPIDO
Cuando en la anterior reunión de la OEA para tratar el caso de Venezuela, el Canciller de Argentina propuso promover un diálogo para tratar de buscar una salida de consenso a la crisis que arrastra el país bolivariano, los partidarios de aplicarle la Carta Democrática se sintieron traicionados por el gobierno de Mauricio Macri. Este, desde que desplazó al clan Kircher del poder en el país gaucho, había sido un fuerte crítico de la política autoritaria seguida por Nicolás Maduro.
Ahora, seguramente las críticas lloverán sobre el Presidente Barak Obama, luego que después del fuerte enfrentamiento verbal que sostuvieron en la asamblea de la OEA celebrada aquí, el Secretario de Estado norteamericano John Kerry y la áspera Canciller venezolana, Nercy Rodríguez, acordaron crear un espacio de diálogo que tuvo una rápida acogida por parte de Maduro.
A muchos podrá sorprender estos cambios de estrategia, que equivalen tanto como a quitarle la alfombra debajo de los pies al Secretario General de la OEA, Luis Almagro. Este había sustentado su petición de emplear la Carta Democrática contra el cuestionado mandatario venezolano en un laborioso informe de más de ciento treinta páginas, conteniendo un análisis exhaustivo de la profunda crisis por la que atraviesa Venezuela.
Lo cierto, sin embargo, es que las probabilidades de que la propuesta de Almagro sea acogida por la mayoría del organismo regional van de escasas a nulas. La razón radica en una sola palabra: PETROCARIBE. El plan de suministro de petróleo a países de la región en condiciones de créditos blandos a largo plazo puesto en práctica por el desaparecido Hugo Chávez.
Ofrecido como gesto solidario, fue un arma política destinada a establecer lazos de compromiso y apoyo con su régimen por parte de los países beneficiados así como a proyectar su figura a nivel continental, ocupando el espacio dejado por el obligado retiro de su mentor y guía Fidel Castro y ante el desinterés de su hermano Raúl por sustituirlo en ese escenario para dedicarse de lleno a promover en Cuba los inaplazables cambios internos que ha estado ensayando, sin afectar la estabilidad y estructura autoritaria del régimen.
De ahí que tanto la propuesta inicial de diálogo hecha por el Canciller argentino, como el espacio de distensión convenido entre el Secretario de Estado norteamericano y la canciller madurista, responda a eso que llaman «real politik». O sea, una política realista.
La gran interrogante es ¿hasta dónde será posible lograr soluciones aceptables a la grave crisis de Venezuela económica, social y política dentro del marco institucional establecido por la propia Constitución Bolivariana?
La primera condición para iniciar un real proceso de acercamiento sería disponer la libertad de los presos políticos. Votada por la Asamblea Nacional, Maduro se ha negado obstinadamente a promulgarla, rechazando todas las peticiones que se le han dirigido en ese sentido por parte de otros gobiernos, personalidades e instituciones internacionales.
Lo segundo es el referéndum revocatorio. Maduro, las bocinas gubernamentales y sus acólitos en el exterior han querido presentarlo como un golpe de estado promovido por Washington, cuando en realidad es una instancia legal y legítima establecida en la propia Constitución Bolivariana, para ejercer la cual la oposición ha cumplido sobradamente con los requisitos establecidos.
Como plan B, o vía de escape, la estrategia de Maduro en caso de verse obligado a aceptar el referéndum, es dilatar el proceso para que se celebre el próximo año. La razón: de llevarse a cabo antes de finalizar el 2016, habría que convocar a nuevas elecciones en un plazo no mayor de 30 días, con todas las posibilidades de victoria a favor de la oposición. Pero si se demoran hasta el 2017, en caso de tener que dejar la presidencia, esta pasaría a manos del vicepresidente, que sería tanto como conservar el poder.
Siendo realistas, las posibilidades de hallar soluciones satisfactorias por vía del diálogo son muy escasas, casi ilusorias. Mientras tanto, Venezuela sigue desangrándose en todos los sentidos. La economía se desploma, la inflación se dispara aún más, la corrupción de los chavistas-maduristas se incrementa, florece el narcotráfico con amparo oficial y militar, los suministros, alimentos y medicinas, se tornan más escasos, aumentan el clima de violencia, delincuencia e inseguridad y la crisis política y social se agudiza convirtiendo el futuro del país en una interrogante de muy sombrío pronóstico.
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2016-06-18 21:54:21