Por Manuel Hernández Villeta
Por la ola de reformas que se propone se podría pensar que este país vive en el limbo, en la total desafección jurídica, en el irrespeto radical a cualquier lineamiento institucional. La sociedad civil está cumpliendo su cometido de figureos al pensar que con nuevas leyes y reformas se salvó la sociedad dominicana.
Y no es así. No son las instituciones que han fracasado en la Republica Dominicana, sino los hombres encargados de guiarlas. Aquí hay leyes para todo, sobran los artículos, pero ninguno se cumple. Da la impresión, y más que percepción es un hecho, que vivimos en una tierra de nadie, donde se impone el más fuerte, el más mentiroso, el más embaucador, el mejor encantador de serpientes y demonios.
Fallan los hombres. La aplicación de las leyes en muchas ocasiones ha estado en manos temblorosas, en funcionarios sin rectitud, en mujeres u hombres que no le interesa el respeto a los organismos y a la mística de cómo deben trabajar.
Si hoy se violan leyes y reglamentos, nadie asegura que otras leyes y otros reglamentos van a variar el panorama. Si no hay hombres nuevos para dirigir a maquilladas instituciones, estamos perdiendo el tiempo. Las instituciones son piezas amorfas que toman vida con el funcionario encargada de aplicar sus reglamentos en el día a día.
Hacia el Congreso Nacional hay hoy una avalancha de cambios y proposiciones de nuevas leyes, dando la impresión de que vivimos en una selva, dónde perro como perro y dónde nadie respeta a nadie. Si al frente de instituciones reformadas siguen los hombres que incurren en pecados, estamos perdiendo el tiempo y uno se pregunta ¿reformas para qué?.
Los hombres que van a a instituciones públicas tienen la obligación de servir al bienestar colectivo y al desarrollo nacional. Si de por medio está el único propósito de dar un salto social, y hacerse ricos sin jugar un billete de lotería, nada va a cambiar.
Los pies de blandos de las instituciones continuarán en el cieno, mientras que nuevas leyes le servirán de adorno, y los males ancestrales se multiplicarán, porque no es problema de códigos, sino de los grumetes que deben conducir sus yolas a puerto seguro, y que se entretienen con juegos indelicados.
2016-06-30 01:43:46