Opiniones

A Pleno Sol Economía de sorpresas

Por Manuel Hernández Villeta

La macro-economía y la globalización es lo más parecido a Jano, el dios romana de la doble cara. No era ni bueno, ni malo. Sólo que presentaba dos realidades al mismo tiempo. Una cara con un lado sonriente, y del otro el dolor. Alegría y tristeza, bajo la misma ala de los acontecimientos.

La macro-economía y la globalización van unidas de las manos. Los dos tienen como parámetro central lograr un desarrollo sostenido de los países y el conglomerado humano. Pero cometen una falla que es dolorosa, ese desarrollo solo está proyecto hacia un sector.

De ahí que a muchos causa alarma y sorpresa que mientras más crece la macro-economía, más pobres existen. Mientras más se desarrolla un proceso de globalización e integración de las grandes empresas, hay más desempleo y bajos salarios.

Punto central es que se torna nula la justa distribución de las riquezas. Sin ese equilibrio social todo progreso es para los que tienen, o cero para los que andan descalzos. Para paliar la situación, por lo menos se tiene que pensar en el capitalismo con rostro humano. Ya quedó fuera la sociedad de una clase,

El proletariado y el campesino no llegaron a ser los dueños del paraíso. Con la caída del socialismo perdieron terreno, y el embudo cambio de inclinación. En vez de ser todo para los trabajadores del campo y la ciudad, ahora todo es para el que invierte su dinero con la finalidad de obtener ganancias.

El Papa Francisco habla de lo que sería un capitalismo salvaje, que inclina la balanza para la explotación de las masas hambreada y obtiene más recursos económicos. Lo ideal es que se dé el equilibrio. No se puede pensar en la estatización de la propiedad privada, ni tampoco que sean los robots los que manejen el aspecto industrial.

La paz y la tranquilidad, la buena convivencia entre los humanos llega mediante la concertación y un justo reparto de los beneficios que genera el capital. Hay una espada que está sobre la cabeza de todos, Damocles demostró que la convivencia depende de una hilo. Se puede equilibrar con mayor riqueza para los capitalistas y mejor bienestar para los hambreados. Sólo falta que haya voluntad de repartir equitativamente una parte del pastel social.

2016-08-02 01:07:43