Por Manuel Hernández Villeta
América Latina entra en una etapa de desorganización institucional. El llamado golpe de Estado Constitucional no pasa de ser una patraña de sectores que ven amenazados sus bienes y dominios en estas naciones pobres. Conocimos los golpes militares, pero surge ahora una nueva faceta de esa violencia de Estado.
El caso de Brasil demuestra que es difícil para las naciones del tercer mundo plantear independencia económica y política de las grandes potencias. Tronchar el camino de la democracia no es nuevo para los sectores hegemónicos extranjeros.
Brasil de una estabilidad económica y política, aunque con los problemas propios de un país en convulsión, cae ahora en el precipicio social. Es imposible determinar hacia dónde va el gigante poblacional y económico de América Latina.
De hecho se habla de Golpe de Estado apegado a la Constitución, y eso es falso. No puede un puñado de congresistas desconocer la voluntad popular expresada en las urnas. Si por conveniencia momentánea se echa a la basura la libérrima posición del pueblo, volveremos a la etapa de las confrontaciones y de los choques entre civiles y militares.
La desaforada presidenta de Brasil cometió un pecado capital: quiso jugar a las reglas jurídicas, y se olvidó de la movilización de las masas. Una acción política para despojar a una mandataria del poder, necesita una contra respuesta política. El Partido de los Trabajadores dejó que le ataran las manos, y no salió a las calles.
Tiene que hacerlo. La única salvación para los socialistas brasileños es la movilización de masas. Se encuentran cercados por las acusaciones de cometer actos de corrupción, y antes de las elecciones fijadas para dentro de poco más de dos años y medio, serán desacreditados y sacados de las opciones a ser presentadas.
El primer recurso a emplear por el accionar político es no abandonar el poder, si a usted lo desalojan de la casa de gobierno a empujones se le hará difícil retornar. Ahora la presidenta Dilma tiene una posibilidad a la vista, y es que se le destituyó de presidenta, pero no está inhabilitada para ejercer la actividad política.
Brasil está a punto de car en la anarquía total. Sus instituciones ya no existen, salvo adorno sobre el papel. Pero el nuevo posicionamiento de los socialistas no será un regalo de nadie, sino que lo tienen que ganar en las calles. Habrá que ver si todavía le quedan fuerzas a los principales dirigentes populares del Brasil.
2016-09-02 00:35:12