Por Manuel Hernández Villeta
El respeto a la Constitución ha sido un anhelo que nació en 1844 pero que ha estado congelado en la historia dominicana. Es bueno y positivo elogiar a la Constitución, a la democracia y al desarrollo de las instituciones, pero en el rigor del análisis histórico se comprende que estos hechos tangibles no pasan de ser un simple sofisma.
En el siglo 21 los dominicanos tenemos que fortalecer nuestra Constitución, hacer realidad que es la regla que dicta el camino en una sociedad civilizada; hay que fortalecer a las instituciones y la democracia tiene que dejar de ser una palabra bonita, para convertirse en una forma de vida y de convivencia civilizada.
Falta todo el camino por andar. El país ha vivido desde el 1844 entre dictaduras, gobiernos civiles de puño de hierro, intervenciones militares -civiles extranjeras y mandatarios complacientes. Se podría señalar con una mano y sobrarían dedos, los gobiernos democráticos y respetuosos de los derechos civiles, que ayudaron a fortalecer las instituciones y que terminaron su período felizmente.
Cuando celebramos un nuevo aniversario de la fecha de proclamación de la primera Constitución dominicana, nos olvidamos en el marco político, económico y social en que se da paso a ese fundamento del derecho de los pueblos. Hay una lucha abierta por el poder entre los criadores de ganado y los independentistas, entre los anexionistas y los que querían una república libre y soberana.
Es en ese marco donde se proclama la primera Constitución, pero en ese período también son deportados los principales dirigentes del movimiento trinitario, entre ellos su fundador Juan Pablo Duarte, y son fusilados otros, incluyendo a María Trinidad Sánchez. Fueron muchos años después, con la guerra de la Restauración, que se pudo hacer frente y derrotar al movimiento anexionista de Pedro Santana y los españoles, pero la influencia de España, Francia y los emergentes Estados Unidos nunca desapareció.
La Restauración fue plagada de guerras civiles y generales hechos a la carrera que se vestían de presidentes, dando luego paso a la férrea dictadura de Lilis, para entrar así a la incertidumbre del siglo 20, con una primeriza intervención militar de los Estados Unidos.
Seguirían luego Trujillo, el Golpe de Estado a Juan Bosch, la Revolución de Abril, los doce años de Joaquín Balaguer….En verdad, hay que revisar la historia, pero no para cruzarse de brazos, sino para comprender que el mejor camino que puede trillar la República Dominicana es que se respete la Constitución, que se fortalezcan las instituciones y que la democracia florezca para ser una nación libre, soberana e independiente.
Conquistas congeladas a lo largo de los años, que se iniciaron en febrero del 44, pero que todavía hoy están pendientes. Viva la Constitución, pero hay que agilizar la marcha, porque sólo hemos dado pequeños pasos…
2016-11-07 22:38:21