Por LUIS ENCARNACION PIMENTEL
PERSPECTIVA. El expresidente Danilo Medina, que desde un gobierno que terminó con serios cuestionamientos y grandes escándalos aun en los tribunales hizo todo lo contrario de lo que vendió y prometió como candidato, insiste en jugar al olvido y presentarse ante los incautos como inmaculado, demócrata “a carta cabal” y que, con solo dos años fuera del poder, hoy tiene en el PLD a un “nuevo partido”. Hace bien Medina en proclamar un rol neutral o de arbitraje en el proceso interno de este domingo, para despejar versiones iniciales de que tendría en Margarita “su favorita”, pero peca de iluso o extrema en optimismo, al expresar que “no tiene dudas de que el PLD volverá a ganar en las elecciones del 2024”.
No es verdad que un partido muy menguado y cuestionado por innúmeros hechos pendientes de sanción pueda reponerse y ser opción en solo cuatro años. En política se puede vender ilusiones, y grandes mentiras, pero cuidado con desbordar en anuncios y pretensiones, cuando no hay una disculpa pública a la sociedad ni un arrepentimiento por comprobados errores, fallas y faltas graves en el ejercicio gubernamental. Olvida Medina – y es verdad histórica que desdice de la vocación democrática que hoy plantea – que, en un afán por perpetuarse en el poder, no solo dividió su partido y lo empujó a la derrota, sino que militarizó el Congreso Nacional buscando modificar la Constitución para una reelección, lo que impidieron Leonel Fernández, el entonces candidato Luis Abinader y el pueblo en mayoría, tirándose a la calle para frenar aquel atropello a la institucionalidad.
Y, al margen de los programas sociales o asistencialistas de su gestión, resulta una herejía de Danilo decir que el PLD en sus gobiernos, en especial en el suyo, hizo” lo más parecido a lo que hubiera querido hacer el profesor Bosch” (¿). ¿Qué diría este desde su tumba? Medina dice que él ha sabido perder y aceptar la derrota, pero olvida que, derrotado por Leonel, dijo que “lo venció el Estado”, y no se fue del PLD, pero se retiró “encarado” a su casa y no movió una paja para el triunfo. Y otra “no verdad “es decir que le entregó a Hipólito -con un 49.9% de los votos- la Presidencia sin habérsela ganado, cuando la gran verdad es que a la comisión del PLD que visito a Balaguer para solicitarle apoyo e ir a una segunda vuelta, el líder reformista le respondió:” ya yo felicité al ganador” ….
Derrotado e impedido, Danilo debió dejar fluir el liderazgo y no erigirse en cabeza del PLD, con solo mil votos, como “refugio”, ante el vendaval de acusaciones en curso (¿). Gane quien gane, este proceso comenzaría a sacarlo de juego. Y el PLD – sin saber la última carta de Danilo bajo su manga – se juega hasta el futuro como organización. Primero, habría que ver si lo de su “neutralidad” es real y lo del apoyo al que gane es sincero, porque – que se tenga claro- los dos punteros en la competencia, Abel y Margarita, eran gente de la cuadra y simpatías de Leonel. Es curioso, sino entendible, que entre los aspirantes morados no haya ningún connotado del danilismo a ultranza ni de la llamada Otan, que le salieron ingratos a Leonel. Y de haber un apoyo soterrado a Margarita, a la que una vez la vieja guardia morada le cerró el paso, sería con el fin de meterle una cuña a su ex, el doctor Fernández. En fin, si los morados esta vez se libraran de otra fractura, quedaría en el aire la incógnita de si la real carta o apuesta de Danilo no sería un acuerdo de alta política extra-PLD, con tal de salir de la mira y eventual alcance del brazo de la justicia (¿). Ya veremos. encar-medios@hotmail.com