Opiniones

UN GENOCIDIO INFANTIL

Los Estados Unidos de Norteamérica siempre se han considerado a si mismos como referentes ejemplares y obligados de respeto a los derechos humanos, y puesto empeño en que los demás países lo asuman como tal. De hecho, cada año, no sin cierta arrogancia, se atribuyen la misión de certificar la condición de los derechos humanos en los demás estados de la comunidad internacional. En cuyo informe, dicho sea de paso, hemos figurado como reos en más de una ocasión de acusaciones no pocas veces sesgadas y carentes de objetividad.

De ahí, que haya originado mucho mayor impacto y generado una lluvia de críticas la decisión de su gobierno, dentro de cuestionada y rigurosa política de Tolerancia Cero con la Inmigración Ilegal, de separar de sus padres a los hijos que en compañía de los mismos afrontan la tan a menudo riesgosa aventura de tratar de penetrar en los Estados Unidos, burlando la vigilancia fronteriza. Son familias guiadas por la situación de desesperante pobreza que arrastran en sus países de origen, ganadas por la muy humana y lógica aspiración de alcanzar una mejor vida. El tan publicitado «sueño americano».

Hasta el día de ayer se estimaba que unos dos mil menores han sido separados de sus padres, y distribuidos entre distintos centros de detención, mientras sus progenitores serán juzgado como delincuentes. No pocos de los menores son de muy corta edad.

Las afirmaciones de la Secretaria de Seguridad Nacional de que los menores reciben buen trato en los centros de detención, resulta desmentida por las gráficas y fílmicas divulgadas a través de los medios de comunicación. En ellas figuran niños metidos dentro de jaulas como si se tratase de peligrosos animales salvajes. Estremecedora la grabación de llorosos y angustiados niños migrantes, relatando como fueron separados de sus padres mientras claman desesperadamente por su regreso.

Inútiles los intentos del Presidente Trump, utilizando el método de comunicación a través del twitter del que hace uso continuo, de tratar de justificar un procedimiento a todas luces cruel y en extremo traumático, que dejará huella imborrable en la mente de esos niños. Tratar de validarlo es un empeño absurdo, imposible de asimilar por ninguna mente sana, que compromete al más alto nivel jerárquico y somete a mayor crítica la imagen del gobierno estadounidense y su papel como exponente de respeto a los derechos humanos, tan brutalmente violados en este caso.

Por otra parte, pretender escudar esta incalificable medida con el argumento de que se trata de prevenir y combatir el terrorismo, no encuentra el menor asidero cuando se trata de la nación más poderosa del mundo, que cuenta con incontables recursos humanos y los más sofisticados sistemas tecnológicos de vigilancia, y una agencia policial, como el FBI, que figura entre las más calificadas y eficientes del planeta.

Por más vueltas que se le de y argumentos a que se apele es una medida indefensible, cruel y abusiva, de corte francamente nazista. Una grosera violación de los derechos de la niñez, internacionalmente establecidos, que entre otros consagra el fundamental de no ser separados de sus padres, que subleva el ánimo y provoca indignación y repudio.

Dicho sin tapujos y con toda crudeza, se trata ni más ni menos que de un auténtico genocidio infantil.

Nota aclaratoria: En la noche de ayer, después de producido este comentario, llegó la información de que frente al aluvión de críticas recibidas, inclusive de la actual y otras cuatro ex Primeras Damas estadounidenses, Trump había firmado un decreto de rectificación donde se dispone prohibir la separación de las familias de inmigrantes ilegales, no obstante que estos seguirán siendo considerados como delincuentes y juzgados como tales. Dado la forma en que se produjo la separación, se estima sin embargo que no resultará fácil ni rápido el proceso de identificación y de reunificación con sus padres de los dos mil menores actualmente dispersos en distintos centros de detención.

teledebate@hotmail.com

2018-06-21 19:04:45