Testimonios de amistad y camaradería (VII):
Kiva Pos-derrumbe
Por Narciso Isa Conde
Cuando se produjo la desintegración de la URSS y se completó el derrumbe del “socialismo real, abriéndose paso una restauración capitalista altamente traumática, estuve distante y bastante incomunicado de Kiva Maidanik.
Desde 1990, cuando pase de tránsito por Moscú, no volví, ni he vuelto a Rusia.
En México en ocasión del FSP
Lo volví a ver -¡y cuanta alegría nos dio a ambos!- en ocasión del Encuentro del Foro de Sao Paulo realizado en 1991 en México.
Conversamos hasta por los codos, repasamos todo el periodo y todas las vertientes de nuestras relaciones y afectos.
Kiva, lúcido, bien informado de cuestiones fundamentales, con más conocimiento cada vez, bien posicionado desde el punto de vista de los principios comunes y de la actitud frente al capitalismo y el imperialismo mundial, se mostraba no solo muy escéptico sobre las posibilidades de avanzar a escala mundial, sino también emocionalmente deprimido.
La distancia física respecto a sus amigos (as) de nuestra América lo hacía sentirse mal. Sus amistades en Rusia eran pocas (no recuerdo si ya para esa fecha se había trasladado Galia, su amiga del alma, a Caracas, pero de todas maneras no tardaría mucho en hacerlo). La recomposición de los comunistas y socialistas en ese país no le satisfacía. A su entender el Partido Comunista de la Federación Rusa, el más grande e importante de todos, estaba impregnado de un nacionalismo gran ruso y un oportunismo que él repelía.
Las penurias económicas que padecía se habían multiplicado. Su sueldo se había devaluado hasta representar 14 dólares mensuales. Y el de Natacha, su esposa, algo menos, pese a ser ambos investigadores de un instituto científico.
Los servicios de salud y educación se deterioraban cada vez más.
La “mama” rondaba los 90 y su salud estaba más resentida y mucho más exigente de atención médica y compañía.
Sobrevivían con las “chiripas” que recibía por la publicación de artículos en revistas y periódicos del exterior, sobre todo en México, donde tenía amigos tan queridos como Arnaldo Martínez Verdugo, ex-secretario General del PCM, Eduardo Ibarra (representante de ese partido y corresponsal en Moscú de su revista), Pablo Gómez, nuevo líder del Partido Socialista Unificado (continuidad del PCM) y otros (as).
El estímulo de los amigos de siempre y de los nietos
Y esa situación de estrechez, con pequeños altibajos, perduró todo el tiempo, solo que los sucesivos viajes a Venezuela, Brasil, Santo Domingo, El Salvador… le dieron renovados alientos y aliviaron temporalmente, en los casos de precarias contrataciones de cursos, asignación de dietas y publicaciones pagadas, necesidades imperiosas y penurias persistentes. En ese periodo cultivó una linda relación con los(as) hermanos(as) del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra de Brasil(MST), participando en su escuela de formación política y otras actividades importantes.
Recuperó bríos porque se reencontró con no pocos de sus hermanos (as) del continente y porque paso a paso se conectó con el proceso de recuperación de las fuerzas revolucionarias de nuestra América; constituyéndose, nueva vez, este proceso esperanzador en el principal alimento de su alma política, combinado con la inmensa alegría de las sucesiva llegadas de sus nietos y nietas, fluido maravilloso para el fortalecimiento de su espíritu amoroso.
Ciertamente la llegada de los (as) nietos (as) fue realmente importante para él. Recuerdo que me escribía y me decía que no existía sensación mas sublime en la vida que recibir esa hermosa descendencia. Me lo dijo tan pronto le llegó (unos año después del derrumbe) Constantino, hijo de Maria, su única hija con Natacha.
Desde entonces no me sacó el guante de la cara, incitándome a que dijera a Pavel, Narcisito y a Ricardo, los tres nuestros, que se apuraran; sobre todo a Pavel que ya estaba bastante mayorcito, seguía soltero llegando primero a los 30 .
De Venezuela a Dominicana
A raíz de su primer viaje a Venezuela lo trajimos aquí con inmenso placer. Pasó unos días maravillosos en mi casa y en el país. Participó en dos actividades (conferencias dictadas por él), una en la UASD, otra en la Academia de Ciencias, y en varios programas de TV.
Caminó por la ciudad y los barrios. Fuimos a Constanza y a las playas del Este. Renovamos el cariño familiar. Visitó a mi madre, a Tony mi hermano y a José Israel Cuello y pudo contactar con otros(as) viejos y nuevos camaradas que participábamos en la dirección de la Fuerza de la Revolución y en otros niveles de su estructura, unos (as), procedentes del PCD y otros (as) no.
A Tony lo había conocido en Moscú, poco después de abril de 1965.Antes tenía referencia de su destacado papel en la lucha armada.
A mi mamá la conoció cuando me acompañó a Moscú y estuvo en un tratamiento en el hospital.
Entonces reunió a mi madre con su madre, ambas de una dulzura especial y de un amor inmenso por sus hijos. Ninguna de las dos olvidaron ese encuentro.
Mi madre siempre hace referencia a las palabras de la madre de Kiva sobre él. Ella vivía sola, pero cada vez que podía él iba a escribir sus trabajos en la casa materna, para acompañarla y hacer las compras. Siempre estaba pendiente de su salud y estado de ánimo, dispensándole permanentemente su lindo amor filial.
Quedó fascinado con la juventud conservada de Lulú, a quien por demás recordaban en Moscú y en nuestro movimiento como de las más hermosas dirigentes comunistas.
Nos presentó el cuadro real de la ex-URSS, que no podía ser más que deprimente.
Nuevos encuentros y el funeral de Schafik.
Nos vimos después otra vez en México. Entonces volvió a la carga, delante de otros camaradas y amigos, con el tema del retraso del matrimonio de los hijos y de la llegada de los nietos(as), y se atrevió a decirme que ni siquiera el nacimiento de lo(as) hijos(as) era comparable con aquello y yo le salí al paso diciéndole que no exagerara tanto, que eso no podía ser cierto. Más tarde, cuando nació Narciso Isaac, el primero de los nuestros, tuve que hacerme la autocrítica y darle la razón.
Lo volví a ver dos veces en Caracas, en el 2004 y en el 2005.
En enero del 2005, en ocasión del Foro Social mundial, nos tocó recibir juntos la desgarradora noticia de la muerte de Schafik, nuestro camarada y hermano salvadoreño, nuestros querido Schafik, nuestro querido gordo.
Salimos disparados al encuentro de la delegación salvadoreña, integrada, entre otros (as), por el comandante Ramiro Vázquez, la comandante Nidia Díaz, Blanca Flor, Oreste, el Diablito…
Allí nos contaron las circunstancias de su fallecimiento y nos invitaron a acompañarles al homenaje que le rendiría el pueblo salvadoreño.
Chávez facilitó un avión presidencial y designó a Nicolás Maduro, entonces presidente de la Asamblea Nacional y a Freddy Bernal, Alcalde de Caracas, en la delegación oficial, junto a su hermano Abel Chávez, Embajador de Cuba.
Kiva y yo no habíamos podido hablar largo y tendido, y decidimos aprovechar con ese propósito ese largo viaje (dada la escala en La Habana).
Kiva se iba muy triste. Su cariño por Schafik era enorme.
Iba triste y muy preocupado por el posible vacío político que dejaba la muerte física de este formidable luchador en el FMLN y en El Salvador.
Schafik no solo era un dirigente de grandes condiciones humanas y políticas. Y de reconocidas habilidades para articular y unificar fuerzas. Era además un pensador, un teórico del socialismo, con una calidad revolucionaria difícil de encontrar.
Llegamos de madrugada. Curiosamente a Kiva y a mi nos hicieron esperar explorando archivos de subversión. Ya a mi me había pasado cuando fui a las elecciones recientes y el propio Schafik tuvo que intervenir para que me dejaran pasar.
Finalmente se solucionó el “impasse” y del aeropuerto fuimos directamente a la funeraria a rendirle honores al camarada, al amigo, al hermano.
Aquello parecía todo menos un mortuorio. Nos recibieron con estruendosos aplausos y la consigna :“!Se queda, se queda, el Comandante se queda!”
El pueblo del FMLN, sensiblemente ampliado, estaba en trance de revolución.
Todas las actividades, la de la Plaza, la de la Universidad y el entierro fueron masivas en alto grado, enormes manifestaciones de combatividad (en ningún caso duelo tradicional)
El país estaba conmovido, brotaba en grande el sentimiento de que en ese momento el que gobernaba era Schafik, a quien evidentemente el partido ARENA, la oligarquía y el imperio, le arrebataron la victoria en las elecciones recién pasadas, empleando al máximo toda su capacidad de trampa, perversidad y generación de miedo.
EL FMLN hizo un espectacular despliegue de organización en el que se sentía la capacidad planificadora y organizadora de Ramiro Vázquez y su equipo ¡Quince Mil cuadros y militante garantizaban el orden y la seguridad de todas las actividades!
Todo (as) las delegaciones extranjeras estaban impactadas. Kiva, Patricio y yo, que estábamos en el mismo hotel, nos dimos cuenta que la ausencia física de Schafik no afectaría el avance de esa formidable vanguardia revolucionaria, que por demás estaba en pleno proceso de desembarazarse de desviaciones y prácticas derechizantes, acomodaticias al sistema.
Los discursos de Leonel González y de Milton fueron estremecedores y radicales ¡Ahora era que el legado de Schafik se iba a sentir! ¡Que ningún derechista se hiciera de ilusión de que iban a conciliar con el orden dominante¡
Kiva vibraba: su tristeza, a pesar de todo, se transformó en alegría.
El FMLN estaba creciendo en cantidad y calidad en medio de las exequias de Schafik.
Tania, su compañera soviética asumió su rol con gran determinación, serenidad y firmeza. Llena de cariño y reconocimiento hacia su camarada de amor y lucha. Igual su hermosísima hija moscovita, a quien no había vuelto ver desde que estaba pequeñita.
Toda la familia de Schafik, los hijos de su primer matrimonio, sus nietos, sus familiares cercanos estaban conmovidos, pero firmes, llenos de satisfacción por el cariño y el respeto que le demostraba ese pueblo a su familiar querido. Jorge Schafik Handal, hijo (el capitán Federico del FMLN), de manera muy especial.
Kiva no se cansó de ponderar al “fenómeno FMLN”, una organización que traspasó todas las barreras erosionantes de las últimas décadas del siglo XX y llegaba al siglo XXI en franca expansión, potenciándose en cantidad y calidad, reafirmando sus grandes condiciones para hacer nueva revolución democrática-popular y nuevo socialismo.
Kiva no quería salir de El Salvador sin ir al Cerro de Guazapa, donde durante 11 años se libro una lucha ejemplar. Símbolo de heroísmo y de talento político y militar. Aporte inconmensurable del Partido Comunista, de Schafik, de Ramiro, del Barbarroja Salvadoreño (comandante Ramón), de Chepón y todo(as) los (as) comandantes y combatientes de las Fal (instrumento político-militar del PCS).
Ramiro, que fue el comandante de ese frente, hizo el espacio antes del acto de la plaza y nos invitó a Kiva, a Freddy Bernal (Alcalde de Caracas) y a Patricio Echegaray (Secretario General del PC de Argentina) a acompañarlo, siempre, con la agradable presencia de Vladimir, nuestro edecán, miembro de la Comisión Internacional del FMLN y combatiente con una historia que conmovió a Kiva (de ella no voy a hablar por que Vladimir está preparando la publicación de sus memorias de guerra).
Patricio no pudo ir porque no se sentía bien.
Ramiro era un guía de excepción para esa excursión en cierta medida furtiva.
Yo ya había estado en el cerro pero de todas maneras refrescar esa experiencia en la voz de su comandante, por segunda vez, era un privilegio. Y con tales acompañantes mucho más. Allí, nueva vez, visité el espacio de la pequeña selva donde descansan los restos del camarada dominicano Ramón Luna Cornelio (Capitán Pedro García), quien además de miembro de mi seguridad fue un amigo entrañable.
Kiva y Freddy, quedaron tremendamente impactados y preguntaron sobre muchas vertientes de los increíbles combates, años de resistencia y ofensiva del FMLN, en ese pequeño y pelado cerro a pocos kilómetros (desde allí se ven las luces y se escuchaba el ruido de despegue de los aviones) de la Capital.
A ellos, como a mí la primera vez, les parecía fantástico haber sobrevivido y crecido en condiciones tan adversas, más cuando Ramiro describía los golpes demoledores que ese frente de guerra le dio al enemigo. A todos nos pasó como a los investigadores de la Universidad Católica Autónoma (UCA) de El Salvador cuando sus investigadores comparaban el número de efectivos de las Fal con su extraordinaria capacidad militar ¡Conciencia, organización disciplina y calidad técnica!..
El entierro resultó majestuoso y en su marcha se respiraba avance hacia la revolución, determinación de unidad y lealtad al ideario del comandante Jorge Schafik Handal.
Kiva y nosotros sentíamos en el alma aquella ausencia física, pero partimos de San Salvador profundamente satisfechos del reconocimiento del pueblo salvadoreño a quien consagró su vida, sus capacidades físicas e intelectuales, su permanente superación teórica, sus dotes de organizador y conductor a la emancipación de los (as) oprimidos de su país y del mundo; a quien simbolizó con su participación estelar y su persistencia, uno de las epopeyas más hermosa de las luchas liberadoras del siglo XX.
Partimos juntos vía Panamá, donde nos separamos. Yo doblé hacia el Caribe, hacia mi tierra, y Kiva continuó con Patricio hacia Caracas.
Partimos pero Ramiro, en un encuentro que hicimos ante de tomar el avión, nos comprometió a volver pronto.
Nos invitó encarecidamente en la próxima inauguración del anfiteatro Jorge Schafik Handal de la Escuela de Formación Política del FMLN, donde tendría lugar, al iniciarse el mes de mayo, un panel sobre el proceso latinoamericano-caribeño, los movimientos sociales y los partidos o fuerzas de vanguardia.
Esa invitación incluía a Amilcar Figueroa, protagonista de la lucha armada venezolana militante del Partido Comunista Venezolano, primero, y luego el Partido Revolucionario de Douglas Bravo, historiador y diputado al Parlatino. A él le tocaría una exposición sobre la experiencia venezolana y el proceso de la revolución bolivariana.
A Leonel y Ramiro le tocaba la experiencia salvadoreña y le nuevo rol del FMLN.
De nuevo con Kiva en El Salvador
En esa nueva visita a San Salvador, Amilcar, Kiva y yo no hospedamos juntos en una acogedora pensión atendida por una familia vinculada al FMLN. Allí, temprano en la mañana, continuamos las conversaciones y nos preparábamos para la sesiones del panel de formación política.
Kiva de nuevo estuvo brillante y allí apuntaló la tesis del nuevo rol transformador de los (as) pobres de nuestra América, de la pobresía enfrentada por necesidad a la oligarquía y al imperio; presente en todos los procesos de cambios y en las iniciativas, de alcance y profundidad variada, que le daban popularidad y legitimidad a los gobiernos de izquierda y/o progresistas.
Llamó la atención sobre como las personeros del imperio pretendían estigmatizar con el calificativo de populista, impropio en estas nuevas circunstancias, a los gobiernos o proyectos de gobierno que eran respaldados por esa pobresía. La actitud de los halcones de Washington en ese plano la tomaba como señal clara de la necesidad de promover la acción y la unidad de todas las fuerzas del cambio en sentido inverso.
Mas allá de las limitaciones de algunos de esas opciones calificados de “populistas” –nos decía- ellas podían generar situaciones hacia la autodeterminación y los cambios de mayor profundidad. Además de sumar fuerza a la dinámica de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).
El tema, sin dudas, tiene sus complejidades y presenta otras vertientes y problemas importantes para el debatir, como lo hicimos, la relación entre la unidad en amplitud y la unidad de las fuerzas revolucionarias, o unidad en profundidad.
En las conversaciones directas le exponíamos la necesidad de la diferenciación de esas opciones moderadas sin sumar fuerzas al enemigo, en interés de rebasar el marco sistémico de esas opciones y superar sus límites; cosa que por demás el comprendía perfectamente, aunque no le daba el rango que otros le dábamos.
Los intercambios “fuera de cátedra” nos ayudaron mucho también a enriquecernos mutuamente.
El aporte de Kiva fue valiosísimo y el ángulo positivo de su análisis no tardó en pasar la prueba en el caso de México, donde el veto de la oligarquía y de los halcones de Washington a López Obrador y la Alianza por le Bien de Todos creó una crisis política de mayor profundidad y con tendencia a prolongarse. Lo que más allá de las diferencia táctica, de roles y de naturaleza política-ideológica, le da un gran valor estratégico al acumulado de la Otra Campaña lidereada por el sub-comandante Marcos.
Precisamente el día que salimos de San Salvador estaban dando los primeros resultados de esos comicios con fuerte olor a fraude mayúsculo.
En enero, a raíz del fallecimiento de Schafik, puse a Kiva en auto de mi determinación de emprender el proyecto Nueva Izquierda y de dejar a un lado a la cada vez más estacada Fuerza de la Revolución (FR). Le expliqué –y le entregué documentación- sobre lo que había pasado y sobre las primeros pasos en la nueva dirección.
En cuestiones esenciales entre Kiva y yo había una singular identidad en concepciones y sentimientos. El entendió las razones de mi determinación, no sin dejar de expresar su pesar por las dificultades y retrasos que la situación revelaba.
Igual yo había conversado con Ramiro y con Patricio, juntos y por separado. De todos ellos recibí la comprensión y solidaridad política y humana.
De parte de Kiva recibí además, como siempre, sus agudas reflexiones y sugerencias.
En esta nueva ocasión pude darle mas detalles del nuevo proyecto y de su peculiar evolución y Kiva me dijo, palabras más, palabras menos, con mucho sentimiento y razón, lo siguiente:
“Este es tu tercer gran esfuerzo de creación de fuerza política, la tercera vez que participas de manera destacada en un proyecto revolucionario, con más experiencia y con mas claridad y profundidad de pensamiento, pero con menos años por delante. Tú sabes que yo solo puedo desearte éxitos, contigo he tenido gran sintonía siempre y cada vez más. Creo muy útil dentro de tus nuevas reflexiones te dediques a hacer un análisis comparativo de la Revolución de Abril y el porqué se disgregaron sus fuerzas, y de cómo el FMLN ha podido remontar tantas dificultades pos-guerra. De ahí pueden derivarse muchas enseñanzas, tanto respecto al acumulado histórico y la realidad objetiva favorable de uno sobre otro, como a los fallos propios y ajenos que los afectaran a ustedes”.
Le prometí ponerme en eso, avanzándole que tenía casi lista la una nueva versión enriquecida del trabajo “Para que abril tenga futuro”, que incluye las enseñanzas de la revolución del 65 y el análisis del prolongado predominio de la contrarrevolución imperialista y los errores del movimiento.
Queda pendiente el cruce comparativo con la experiencia salvadoreña, sabio consejo de Kiva.
De nuevo partimos, con la seguridad de que el FMLN seguía complementando se nuevo viraje de reafirmación revolucionaria, de recuperación de sus esencias anti-sistémicas y transformadoras. Motivo de gran alegría para Kiva y todos nosotros.
Eso lo sentimos, lo vivimos, conversando con sus dirigentes y conviviendo en intercambios con 300 cuadros participantes de nuestras charlas-conferencias y de los debates correspondientes.
El espíritu de Guazapa, como del Cerro de San Pedro, Morazán, Chalatenango… resurgía con fuerza y las pruebas de que el comandante Simón (nombre de guerra de Schafik) se quedaba para siempre, fueron inequívocas.
El último abrazo físico.
La jornada fue intensa. Kiva estaba alegre, pero cansado, El peso de los años y los estragos del periodo pos-derrumbe se le notaban en el rostro y al andar. Ya tenía fisonomía de anciano sabio, buen mozo y venerable.
De todas maneras lucía vital y lúcido, pese haber sufrido en esos días una fuerte descomposición intestinal. Porque Kiva comía con placer y abundancia cualquier cosa, más que cualquier joven y a veces abusaba de su buen estómago.
En Caracas, a su retorno, reanudó la intensa jornada acompañado de Amilcar, Mercedes Otero, Freddy Bernal y Galia y me dicen que aquello fue realmente agotador: charlas, conferencias, encuentros, reuniones,… En verdad él nunca se resistía a que le “sacaran el jugo”, pues sabía que todo eso nos ayudaba mucho. Y Kiva era inmensamente solidario.
Esa vez la despedida fue también en el Aeropuerto de Panamá, en aquella bifurcación. El abrazo fue intento y entonces quedamente me dijo “Quizás ésta es la última vez que nos vemos ¡Suerte!”.- “ No jodas, Kiva, déjate de eso”, le respondí.
¡Suerte Kiva! Suerte por allá en tu nueva dimensión de los muertos que no mueren.
Enero, Santo Domingo, República Dominicana
2007-01-17 18:13:41