EL TIRO RAPIDO
de
Mario Rivadulla
A comienzos de semana fue la voz del Cardenal Lòpez Rodrìguez la que se dejò escuchar para exhortar a los candidatos que se disputaràn la victoria electoral el pròximo 16 de Mayo, a que presenten al paìs propuestas concretas sobre la forma en que abordarìan y tratarìan de solucionar, o al menos aliviar, el peso de los graves problemas que confrontamos.
Ahora, es la del Presidente de la Junta Central Electoral, Julio Cèsar Castaños Guzmàn, quien al declara formalmente abierta la que venìa desarrollàndose de manera anticipada, aboga a su vez por una campaña llevada a cabo con “comedimiento y mesura”, dos palabras que parecen haber sido extrañadas de nuestro diccionario polìtico.
¿Hasta dònde pudieran encontrar eco estas dos voces tan calificadas?
Hay que decir con toda honestidad que ahora mismo se tiene la impresiòn de que se perderìan en el desierto. Al menos, no parece existir el menor indicio de que pueda cambiar el sesgo de violencia verbal que ha caracterizado hasta ahora el discurso polìtico.
Lamentablemente el ejercicio actual de la que Juan Pablo Duarte proclamò, en su tiempo, que despues de la Filosofìa era la actividad màs noble a la que pudiera dedicarse el hombre, se ha ido degradando en nuestro medio hasta niveles cada vez màs bajos. No se apela a razones. No se argumenta, se insulta. Se busca tan solo descalificar al adversario, arrancarle las tiras de la piel, escarnecerlo y tratar de desacreditarlo como ùnica estrategia vàlida para alcanzar el poder. El mensaje sobrado de ofensas y huèrfano de sustancia.
Rebosa, eso sì, de promesas. Las màs de ellas demagògicas, irreales, fantasiosas, sin el menor asidero que les sirva de sustentaciòn y apoyo. Como si se pretendiera y pudieran resolver los problemas del paìs a base de actos de magia e inexistentes varitas màgicas en vez de acciones viables y efectivas.
Lo que ha venido ocurriendo en estas semanas precedentes nos dà la tònica amarga, frustratoria de lo que nos espera en los cuatro meses que nos separa del momento de acudir a las urnas, si no ocurre el milagro bastante improbable de una rectificaciòn de rumbo.
Mientras por un lado se habla de evitar la violencia fìsica y hasta se firman pactos en ese sentido, lo que se produce en cada campaña electoral, por otro se hace uso y abuso de la verbal que es precisamente la antesala de aquella. El detonante para que las pasiones se desborden y el màs ciego fanatismo asome a la superficie, con el siempre latente riesgo de provocar vìctimas fatales empañando un proceso que debiera ser un ejemplar ejercicio cìvico y de fortalecimiento democràtico.
Basta abrir la prensa diaria, escuchar la radio o enceder la pantalla del televisor a la bùsqueda de noticias y orientaciones para salvo con muy contadas excepciones, no recibir la bofetada de la declaraciòn insultante, la diatriba incendiaria, el mensaje que se nos quiere vender como objetivo pero aparece teñido de la màs ciega y absoluta parcialidad. De los señalamientos màs absurdos y las acusaciones màs burdas, desprovistas por lo general de todo elemento probatorio, aùn cuando arrastren por el fango el buen nombre del adversario.
Mientras tanto, los problemas del paìs, tanto los que venimos padeciendo desde tiempos añejos como es la intermianble crisis elèctrica, y los de màs reciente factura, cual el desmadre del precio internacional del petròleo, continùan golpeando duramente la economìa de todos y encareciendo y restando competitividad al aparato productivo.
La prensa nos ha traìdo unas inquietantes declaraciones del ex director de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan. Aùn cuando ya no ocupa el influyente cargo,su vasta experiencia, aciertos y prestigio hacen que se le siga considerando el gran gurù de la economìa norteamericana.
Greenspan confirma desde adentro lo que se ha venido señalando desde afuera. Esto es, que la economìa de la primera potencia del mundo està a las puertas de un proceso de recesiòn, si no ha traspasado ya dicho umbral.
Son màs que meras palabras. Los propios medios divulgan el caso del poderoso consorcio Citigroup que ha reportado pèrdidas sin precedentes en sus casi dos siglos de existencia, de nada menos que diez mil millones de dòlares en el ùltimo trimestre del pasado año. La razòn fundamental es la crisis hipotecaria norteamericana que afecta sobre todo a la poblaciòn negra y la inmigraciòn hispana, en la cual estamos incluìdos.
No hay que decir de què forma adversa esa situaciòn repercutirà en nosotros, sumàndose a la abultada agenda de problemas que arrastramos y de que nos sirve de oportuno recordatorio la importante pastoral de la Conferencia del Episcopado.
Mientras tanto aquì seguimos jugando a la polìtica menuda, ausente de contenido y real mensaje.
Inmersos en una campaña de puras diatribas. Dedicados a agotar hasta el màximo las expresiones màs insultantes de la Lengua Española con un entusiasmo y dedicaciòn dignos de mucha mejor causaa.
¿Cogerà cabeza y se llamarà a sensatez el liderazgo polìtico recordando que màs que el poder lo que està en juego es el destino del paìs? Ojalà lo haga. Tiene cuatro meses para demostrarlo.
2008-01-17 13:59:20