EL TIRO RAPIDO
de
Mario Rivadulla
Ciertamente hay noticias muy importantes sobre el tapete que merecerìan un enfoque editorial.
Desde la proclamaciòn formal del Presidente Leonel Fernàndez como candidato oficial del PLD para optar por un nuevo perìodo y el anuncio de su programa de gobierno, y el mismo anuncio que anteriormente hiciese su principal opositor, el ingeniero Miguel Vargas Maldonado en lo que pudiera y debiera significar la derivaciòn de la campaña polìtica hacia un debate de tono màs elevado y constructivo, hasta la obstinada prohibiciòn de las autoridades haitianas de permitir la entrada a su territorio de huevos y pollos dominicanos.
Son èstas sin embargo, situaciones coyunturales, objeto obligado en los dos primeros casos, de comentario y debate diario, con màs profusiòn ahora que ya estamos inmersos en el tramo final de una campaña electoral que debiò haber comenzado el pasado dia 18, con la proclama de la Junta Central Electoral, pero que en realidad viene libràndose desde hace muchos meses.
Hay un tema sin embargo, sobre el que consideramos preciso e impostergable volver porque en ello se involucra la calidad de vida y la vida misma del gènero humano. Y en la parte especìfica que nos toca, del pedazo de isla que ocupamos y los nueve millones y medio de seres que lo poblamos. Se trata del fenòmeno llamado “calentamiento global”.
A raìz del paso de las tormentas Noel y Olga, trajimos a nuestro TELEDEBATE a la Directora Nacional de Meteorologìa. Ella reiterò la advertencia recibida por otras vìas, tanto locales como foràneas. Esto es: los efectos adversos que trae aparejados el “calentamiento global”.
De manera precisa señalò que en lo adelante habrà mayores dificultades para predecir, como se hacìa hasta ahora, la cantidad de huracanes que pudièramos esperar en cada temporada asì como se incrementaràn su fortaleza y frecuencia. El mismo calendario tradicional que ha enmarcado la època de los huracanes, dando comienzo el primero de junio y finalizando el treinta de noviembre, tambièn se verà alterado. De hecho, ya lo fue con los casos de Noel y sobre todo Olga, que cayò completamente fuera de la misma.
Pero quizàs lo màs preocupante en la agenda de posibles efectos y advertencias es el aumento del nivel de los ocèanos que, en nuestro caso, como advertimos en ese momento, pudiera representar la pèrdida total o parcial de no pocas de nuestras hermosas playas, sumergidas bajo el mar.
La alerta, que pudo lucir exagerada en ese momento no tenìa nada de tal. Ahora mismo, es el director regional del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Ricardo Sànchez, quien pronostica que en apenas los pròximos quince años el turismo en la regiòn del Caribe pudiera descender en un 25 porciento debido precisamente a los cambios climàticos. Ni que decir lo que esto representarìa para nuestra màs importante industria y los perjuicios que se derivarìan para la economìa nacional.
No se limitò al àrea caribeña, sin embargo, el alto funcionario de la ONU en sus apreciaciones.
Esos cambios, fruto de nuestras repetidas, irresponsables y desmedidas agresiones a la Naturaleza, alcanzarìan y golpearìan fuertemente tambièn a la Amèrica Latina.
Lo anterior en razòn de que siguiendo un movimiento migratorio del campo a la ciudad que se iniciò con posterioridad al tèrmino de la II Guerra Mundial y no ha cesado desde entonces, hoy por hoy 78 de cada 100 latinoamericanos se han convertido en habitantes urbanos.
A lo intenso y persistente de este desplazamiento humano no han correspondido, en la mayorìa de los casos, criterios de planificaciòn. El resultado ha sido la arrabalizaciòn de muchas ciudades y el amontonamiento de grandes nùcleos humanos en las condiciones màs precarias de vida, en muchos casos en situaciòn de gran inseguridad.
Tal es nuestro propio caso, donde hay tantos dominicanos que por extrema necesidad, persistente complacencia populista del Estado y total desatenciòn a las voces de alerta que se les dirigen levantan sus humildes y endebles moradas en sitios de alto riesgo, principalmente a orillas de rìos, presas y cañadas con grave peligro para sus propias vidas.
Es un costo que hemos debido pagar muchas veces. Es el que no debemos seguir pagando en el futuro, si desde ya mismo ponemos especial atenciòn al problema que amenaza llegarnos y cuyas señales estamos recibiendo desde hace tiempo.
Es de esperar que atendamos esos mensajes advertidores de una alterada e irritada pero siempre generosa Naturaleza. Si tomamos las medidas y precauciones de lugar y nos reconciliamos prontamente con ella, haremos bueno el dicho de que guerra avisada, no mata soldado.
2008-01-29 16:45:14