EL TIRO RAPIDO
De
Mario Rivadulla
Ayer la bolsa de Nueva York recibió posiblemente el más fuerte golpe en toda su historia, al registrar un descenso de 1.2 billones de dólares. Sus efectos repercutieron fuertemente en los mercados de valores de México, Chile y Brasil, aunque en éste último logró cierto repunte al final de la jornada después que el Presidente Luis Inazio Lula da Silva desplegó todas sus dotes de convencimiento asegurando que serían leves los efectos de la crisis norteamericana en el mercado carioca.
El desplome de Wall Street fue la reacción al fracaso del llamado Plan Bush, en realidad de su Secretario del Tesoro, George Paulsen, de destinar 700 mil millones de dólares de fondos públicos para apuntalar el tambaleante sistema bancario de la que se considera la nación más poderosa del mundo. El proyecto no pudo pasar la prueba de la Cámara de Representantes. La derrota legislativa se produjo por una diferencia de 23 votos, 228 a 205. Curiosamente la principal oposición al mismo provino de la propia bancada republicana, que quitó así la alfombra debajo de los pies al ocupante de la Casa Blanca, ya a pocas semanas de tener que cambiar de domicilio.
Nuestra interdependencia con Norteamérica es más que sabida, tanto que se ha popularizado la frase, quizás un tanto exagerada de que cuando en Washington estornudan aquí nos da gripe o quizás hasta neumonía. Pero si quedaran dudas de esa correlación ayer mismo el Secretario de Comercio de los Estados Unidos, de origen latino, Carlos Gutiérrez, hablando ante la Cámara Americana de Comercio, recordó que el monto del intercambio anual entre su país y el nuestro asciende a la nada despreciable suma de más de diez mil millones de dólares anuales. Un comercio que antes del DR-CAFTA era bastante equilibrado pero que a partir de entonces, debido a que no estábamos, ni aún estamos, preparados para aprovechar las posibles ventajas del tratado, ha sido altamente deficitario para nosotros.
En base a esta realidad que constituye alrededor del 85 porciento del comercio exterior de la República Dominicana…¿en qué forma la crisis financiera norteamericana pudiera afectar nuestra propia economía? Las opiniones difieren, desde la visión optimista del Presidente Leonel Fernández, coincidente con la postura asumida por su homólogo brasileño Lula da Silva, quizás para evitar que cunda el pánico como diría el Chapulín Colorado, hasta aquellos otros que, llevando su pronóstico al más extremo pesimismo, consideran que nos va a golpear del modo más fuerte.
Dentro de este contexto de divergencia emerge con sentido de gran oportunidad la propuesta de monseñor Agripino Núñez Collado, de montar un taller para que nuestras mentes más esclarecidas en el campo económico, analicen en profundidad el alcance de la crisis financiera que abate a los Estados Unidos y sus posibles efectos en el plano local.
Siempre se nos ha acusado de poco previsores. Y en no escasa medida, con mucha razón. Bastaría tomar como ejemplo el hecho de que frente a las variaciones alcistas en el mercado del crudo que comenzaron a manifestarse en los comienzos de la década de los setenta, no hicimos ningún intento serio de previsión para el futuro. Ni aprovechamos las facilidades del llamado Acuerdo de San José para desarrollar proyectos alternativos de energía, que salvo contadísimas excepciones no han pasado de esa fase, ni adoptamos programas de ahorro energético, pese a esos primeros avisos que comenzamos a recibir hace más de treinta y cinco años.
No es por consiguiente ocioso el ejercicio que propone el Rector de la Madre y Maestra que pudiera aportarnos más luz que la que estamos recibiendo al presente, así como pautas y posibles alternativas para evitar contingencias desagradables, o minimizar sus efectos.
Por lo demás, considerar que la economía norteamericana sufrirá un derrumbe irreparable no parece una apuesta ganadora. Pese a los tropiezos que ha confrontado el llamado Plan Bush, es obvio que los Estados Unidos disponen de tal cantidad de recursos que, de una u otra forma, es casi seguro que puedan salir del aprieto en que se encuentran como ya antes lo hicieron en la época de la Gran Depresión del año 1929 que marcó el inicio de la exitosa carrera política del Presidente Franklin Delano Roosevelt; y en años más recientes, por los préstamos alegres e irrecuperables que concedieron muchos de sus bancos a gobiernos y países de la América Latina.
De esperar se registrarán más quiebras de bancos y compañías, no pocas emblemáticas, como hasta ahora, pero de seguro no quebrará el sistema. Más aún: muy probable que empresas manejadas con criterio adecuado resultarán beneficiadas al poder adquirir a precios bajos, en algunos casos casi de “vaca muerta”, aquellas otras que, por el contrario, hayan procedido en sus negocios en forma temeraria e irresponsable, revalorizándolas posteriormente, al tiempo que como consecuencia de este duro proceso, pleno de amargas lecciones, los electores y el Congreso presionen y las autoridades monetarias promuevan la creación de mecanismos más rígidos de control y seguridad en el campo financiero para garantizar un futuro a cubierto de nuevas y tan desagradables sorpresas como al presente. No olvidemos que a fin de cuentas republicanos y demócratas, aunque con tonalidades propias y diferenciadas, forman parte del mismo sistema y están comprometidos con su sostenibilidad.
2008-10-01 16:40:03