Opiniones

EL TIRO RAPIDO

EL TIRO RAPIDO



De



Mario Rivadulla

La lucha del Colegio Médico Dominicano por lograr una mejoría sustancial en los salarios que perciben los galenos que prestan sus servicios en el sector público tiene dos vertientes bien definidas.

La primera es su aspiración, legítima por demás, a obtener una remuneración que esté acorde con la dignidad de su profesión, los largos años de estudio que requiere para obtener su titulación y la responsabilidad que a partir del momento en que comienzan a ejercer recae sobre sus hombros, como es la de preservar en unos casos y restablecer el otros la salud de los pacientes.  Hay un consenso generalizado a favor de este reclamo.  Difícil encontrar alguien que esté opuesto a que los médicos vean satisfechas sus demandas salariales que, por demás, hemos apoyado y seguiremos apoyando sin reservas en esta tribuna.

La otra, en cambio, cuenta con el rechazo también generalizado de la opinión pública y corresponde a los métodos de lucha utilizados por la actual directiva del gremio profesional, y en particular de su presidente, Waldo Ariel Suero.  Difícil también encontrar alguien que justifique las acciones llevadas a cabo con creciente reiteración por la directiva médica, como es la de paralizar los servicios hospitalarios del país en perjuicio directo de las clases más necesitadas que carecen de medios para recibir atenciones profesionales en clínicas y consultorios privados.

Llora ante los ojos de Dios e impacta desfavorablemente el ánimo público, el espectáculo repetido de madres con sus hijos en brazos, de ancianos y de personas humildes en general que acuden a los hospitales del Estado y del Seguro Social en busca de alivio a sus enfermedades y dolores y encontrarse conque los médicos en huelga se niegan a prestarles atenciones.  Muchos vienen de pueblos distantes del interior, pagando su transporte a veces con grandes sacrificios, para tenerse que devolver sin que hayan sido atendidos.  En ocasiones, inclusive, los huelgusitas han adoptado actitudes extremistas y violentas llegando a agredir a colegas suyos en disposición de brindar consultar y tachándolos de “traidores” y “rompehuelgas”.

Nada de esto, lo hemos dicho y repetido y seguiremos sosteniéndolo, ayuda a la causa de los médicos. La mejor demostración es que al cabo de tantos paros, no han logrado absolutamente nada, pese a lo cual su directiva, aunque posiblemente ya no todos sus integrantes, insisten en mantener ese errado, abusado y cada vez más impopular método de lucha, que les enajena el importante apoyo popular.

La última acción, como fue la de invadir y tomar a la fuerza la segunda planta de la Secretaría de Estado de Salud Pública para protagonizar una huelga de hambre, llevada a cabo por Suero y apenas otros siete médicos de su entorno, se enmarca en la misma equivocada ruta seguida hasta el presente. El presidente del Colegio Médico Dominicano no es ningún iletrado ni retrasado para entender que en ningún país del mundo, las autoridades se quedarían cruzadas de brazos ante una acción de esa naturaleza ni permitirían que los huelguistas se mantuviesen ocupando la sede sanitaria por mucho tiempo, impidiendo el normal desenvolvimiento de las actividades del personal que labora en la misma.  Ni tampoco que no solicitaran el auxilio de la fuerza pública después de fracasar todos los intentos y gestiones mediadoras para que desistieran de su actitud como ocurrió en su caso.

Si los agentes policiales llevaron a cabo el desalojo usando métodos compulsivos más allá de los estrictamente necesarios para lograr el desalojo ante la resistencia de los invasores a hacerlo de manera voluntaria, seremos los primeros en criticarlos al igual que lo hemos hecho en cada ocasión en que la fuerza pública ha cometido algún exceso.  



Radhamés Gómez Pepín, director de El Nacional de Ahora, quien muy de madrugada fue requerido por el Relacionador Público de la Policía Nacional, Coronel Nelson Rosario, para hacerle entrega de los huelguistas, testimonia que en su presencia no se registró ningún acto de violencia policial. Y Radhamés es un hombre de palabra honesta.  Si ocurrió,  fue antes. Y si tuvo lugar, nuestra más enérgica condena.  Pero también nuestra condena a las acciones que lleva a cabo la directiva que encabeza Waldo Suero, tanto los paros hospitalarios como la acción de ayer.  Por ese camino, no creemos que los médicos que laboran para el sector público verán satisfechas sus demandas, ni mucho menos que, aún apoyando las mismas, reciban el respaldo de la ciudadanía simplemente por el uso de unas tácticas de lucha que rechaza y condena.

Aún con muy pocas esperanzas de ser escuchados, abrigamos al igual que la inmensa mayoría ciudadana el deseo de que la directiva médica enarbole otros métodos de acción que, a diferencia de lo ocurrido hasta ahora, no vayan en perjuicio directo de la salud de millones de dominicanos.

2008-10-03 14:24:27