Opiniones

EL TIRO RAPIDO

EL TIRO RAPIDO



De



Mario Rivadulla

Contrario a quienes pensaban que con la aprobación del Plan Bush-Paulsen que destinará setecientos mil millones de dólares para apuntalar la zozobrante banca hipotecaria norteamericana se normalizarían las bolsas de valores, ayer éstas sufrieron un nuevo estremecimiento a la baja  que se reflejó a nivel mundial, desde París que fue la que más resintió el golpe hasta la de Shanghai, capital financiera de China Continental.  La razón básicamente fue falta de confianza en que el referido Plan, que incrementará más aún el notable déficit fiscal norteamericano, pueda arrojar resultados positivos en un plazo breve.  Más claro: que la citada y costosa fórmula pueda convertirse en la varita mágica que revierta la actual situación de la economía norteamericana.

Esta, pese a que su comportamiento en el trimestre anterior había superado las pesimistas estimaciones de los estrategas financieros del país más poderoso de la tierra, continúa haciendo aguas por distintas fisuras que aún no han podido ser cerradas.  El costo de la vida sigue siendo afectado por la inflación e incidiendo negativamente en el presupuesto doméstico de millones de familias.  El problema de los deudores hipotecarios y los bancos acreedores dista de haber entrado en una etapa de soluciones.  Y el desempleo se vió aumentado el pasado mes por la pérdida de 159 mil nuevos puestos de trabajo, superando con mucho el cálculo previo de cesantías de los expertos que se había cifrado en 110 mil.

Los Estados Unidos producen el veinte por ciento de los bienes y servicios del total mundial.  Y pese a cierta pérdida de valor, el dólar continúa siendo la moneda tradicional en las transacciones financieras y comerciales en el plano internacional.  Es obvio que el comportamiento de esa economía tiene obligados reflejos hasta en los lugares más apartados del planeta. Es lo que está ocurriendo y es una realidad a la que no podemos sustraernos.

El señor Robert Zoellick, Presidente del Banco Mundial y personaje bien conocido en el país por su activa y agresiva participación en el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y los Estados Unidos, acaba de señalar que tanto la crisis financiera de este último como en general la recesión  en diferentes naciones se habrán de reflejar de manera adversa en los países de economías en desarrollo.   Tal es nuestro caso,  por lo que el señalamiento nos toca bien de cerca.

Obviamente el señor Zoellick no ha descubierto nada nuevo ni ha dicho algo que no supiéramos. Ya algunos de nuestros más calificados economistas han venido alertando desde comienzos de la crisis sobre los inescapables efectos que tendrá para el país.  Lo han advertido también varios de  nuestros más exitosos hombres de negocios. Tanto los primeros con sus vastos conocimientos académicos, como los segundos con su probada experiencia práctica de mercado son voces que es preciso escuchar y cuyas recomendaciones constituyen un valioso aporte para actuar con previsión ante las seguras contingencias que tendremos que enfrentar, aún cuando no podamos precisar todavía su magnitud, a fin de minimizar sus posibles efectos.

Por lo pronto, ya hay consenso de que con toda seguridad serán afectados dos renglones de importancia en la generación de divisas como son el turismo, principalmente el proveniente de los Estados Unidos y las remesas que envían los dominicanos ausentes.  Ahora mismo, por cierto, se reporta el regreso al país, huyendo de la crisis, de no pocos dominicanos ausentes que residían en los Estados Unidos y Puerto Rico, muchos de ellos en condición de ilegales. Su retorno ejercerá al mismo tiempo, una mayor presión sobre el mercado laboral y el reclamo de servicios.  Pero a ello hay que agregar otro factor de gran significación que señala Bernardo Vega, como es la paralización de proyectos de inversión y financiamiento extranjero a empresas locales como consecuencia de la especial situación que está atravesando el mundo financiero estadounidense y también mundial.

Dentro de este marco de realidades tan poco tranquilizadoras, se señala como un hecho obviamente positivo y en cierta medida compensatorio,  la baja apreciable que se ha registrado en el precio del petróleo.  Ahora bien…¿hasta dónde debemos descansar en esta circunstancia que pudiera ser meramente coyuntural y transitoria?  ¿Qué seguridades tenemos de que el petróleo haya iniciado un proceso sostenido de descenso que permita aligerar el oneroso peso de la factura que debemos pagar por el mismo y que este año, según el Presidente Fernández, estimaba pudiera llegar a seis mil quinientos millones de dólares?  Lo cierto es que el precio del crudo ha estado oscilando y la propia OPEP,  que agrupa a los exportadores organizados del crudo,  estima que para el próximo año estará en el orden de unos ciento diez dólares el barril. Y aunque los pronósticos de precios en este campo han sido bastante impredecibles, no podemos confiar en la posibilidad de una baja sostenida o un precio determinado.

Importante por consiguiente, insistir en que se imponen criterios de prudencia, austeridad y reflexión.  Y que así como ha sido firme la posición del Poder Ejecutivo en promover contra viento y marea el Foro sobre la Reforma Constitucional, debiera tomarse también el mismo interés en dar calor al taller propuesto por monseñor Agripino Núñez Collado para dar seguimiento y analizar la crisis norteamericana y mundial, sus posibles efectos en el país y las medidas más viables para hacerles frente.  Porque en este sentido es preferible pecar por exceso de prudencia que por imprevisión.

2008-10-08 13:49:11