EL TIRO RAPIDO DE LA SEMANA
De
Mario Rivadulla
Aún cuando sus integrantes fueron propuestos y seleccionados con un evidente criterio político, la elección de los nuevos magistrados de la Cámara de Cuentas abre la posibilidad de que, en base a la amarga experiencia de sus predecesores, los nombrados se esfuercen en realizar su trabajo con diligencia y transparencia. Por lo pronto, hay que significar que la escogencia de la doctora Licelott Marte de Barrios, de larga y probada trayectoria profesional y pública ha sido bien acogida.
La primera prueba que tendrán que afrontar los recién nombrados incumbentes será la de los sueldos. La mayoría de los integrantes de la anterior Cámara enfrentaron la oposición de su Presidente, para incrementarse los salarios de manera desproporcionada. Fue el primer escándalo que marcó su gestión. A partir de ahí, siguieron sumando desaciertos hasta culminar con el juicio político llevado a cabo por el Senado, previo al cual la mayoría de los magistrados sometidos a tan degradante procedimiento tuvieron el buen juicio de renunciar.
Los nuevos magistrados enviarían una señal muy positiva al país y ganarían un buen espacio de confianza en la opinión pública, si no se dejasen deslumbrar por la codicia de unos sueldos excesivamente lujosos y se conformasen con los emolumentos originales, que por otra parte no son nada insignificantes ni despreciables.
En otro orden, la Cámara de Cuentas de nuevo cuño tiene ante sí el exigente desafío de hacer frente a un gran acumulo de trabajo dejado pendiente por los anteriores incumbentes y agravado por el retraso de los tres meses que el organismo estuvo acéfalo. Resulta una tarea de gran responsabilidad como es la de fiscalizar el manejo, destino y contabilización de los fondos públicos que reciben las diferentes dependencias del Estado y los organismos autónomos. El experticio que en cada caso lleven a cabo los equipos de auditoría de la Cámara, es el que permitirá ponerle sello de credibilidad en cada caso al correcto uso de los dineros públicos.
En este sentido es de significar que el anterior Presidente de la Cámara, durante el penoso proceso de aireación de las irregularidades registradas en el seno de la misma, reveló que no solo era limitado el personal de auditoría conque cuenta la misma para hacer frente a la gran cantidad de expedientes que debe manejar, sino que también buena parte de dicho personal no estaba debidamente capacitado para desempeñar esas funciones de manera eficiente. Es un punto importante a evaluar y de ser cierto, corregir.
Otro, es la firme voluntad que muestren los magistrados de llevar a cabo su importante misión sin ningún tipo de complacencias ni mucho menos complicidades, ya sea por razones de identidad partidaria, intereses compartidos o relaciones de parentela o amistad. En este orden tienen que mostrarse enérgicos, incorruptibles y nada transigentes. Quien haya hecho empleo doloso y en aprovechamiento personal de los fondos a su cargo, debe ser traducido a la Justicia y sancionado por ésta, si se prueba el delito. No hay que olvidar que en su desempeño, la Cámara de Cuentas debe ser una herramienta poderosa para ayudar a prevenir y combatir la corrupción.
Y si bien es mucho el trabajo que le espera a los nuevos magistrados, no estaría de más que hagan un poco de tiempo sobrante para confirmar la versión que ofreció, con acento de amenaza, uno de sus predecesores, quien prefirió resignar su cargo antes que someterse a la vergüenza de un juicio político y consiguiente destitución por el Senado, de que existían unas noventa auditorías con resultados tan escandalosos que cuando se dieran a conocer crearía un gran estremecimiento en el país.
Si es cierta la versión, las citadas auditorías deben ser divulgadas sin temor a que originen ningún cataclismo. En última instancia, ya hemos pasado por varias tormentas en los últimos tiempos para que pueda asustarnos una más. Y de haber sido ardid utilizado para la imposible salvación de su cargo por parte del ex magistrado que lo afirmó, también darlo a conocer. Porque el organismo y las responsabilidades que le son propias resultan de tal naturaleza que no pueden permitirse el lujo de una falsedad de esa naturaleza, que tendría todos los visos de un intento de chantaje.
A los nuevos miembros de la Cámara, suerte, diligencia y transparencia en su desempeño como prometió su Presidenta al momento de ser juramentado el pleno cameral por el Presidente del Senado. Que si lo hacen como Dios manda también la sociedad se los tendrá en cuenta.
2008-10-13 16:11:46