Opiniones

EL TIRO RAPIDO

EL TIRO RAPIDO



De



Mario Rivadulla



Sobre el tema de la crisis financiera norteamericana, que ha originado especulaciones sobre un posible pero todavía dudoso fin de la supremacía norteamericana en el mundo y la misma recesión de la economía europea, hay que insistir y volver una y otra vez por las graves consecuencias que pueda tener para nuestro país.   Por jornadas consecutivas, Wall Street ha estado estremeciéndose bajo el impacto del estrepitoso derrumbe de buena parte de su sistema bancario y la caída de valores que acusan pérdidas bimillonarias sin precedentes.  La repercusión llega a las cuatro esquinas del mundo y toca todas las economías.

Esta misma semana se considera crucial por parte de los países del llamado G-7, integrado además de los Estados Unidos, por Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá que representan las naciones más desarrolladas del área capitalista. Estamos seguros que al precio que sea, sus gobiernos le buscarán salida al problema por cuanto de ello depende la sobrevivencia de su sistema. El capitalismo ha demostrado en el tiempo y ante diversas crisis una gran capacidad de reconversión. No es una apuesta necesariamente perdedora,pronosticar que inclusive pudieran salir fortalecidas sus economías si aprovechan las duras lecciones de las causas que han desatado esta especie de tsumani financiero, aunque en el camino no serán pocos los que conozcan el amargo sabor de la ruina.

Ahora bien,  ¿en qué forma y medida esa crisis seguramente nos afectará?

Las señales de advertencia que nos llegan de fuera y las mismas voces de alerta desde dentro de varios de nuestros más calificados economistas y algunos exitosos empresarios de incuestionable y valiosa experiencia práctica en el mundo de los negocios, establecen con meridiana claridad la necesidad de dar seguimiento detallado a esos acontecimientos, de evaluar sus posibles pero seguras consecuencias para el país y las disposiciones que debiéramos adoptar para encarar la situación y reducir al mínimo posible sus daños. Es un reto, en primer término, para el llamado “Gabinete Económico” del actual gobierno, del cual se espera emane un conjunto de recomendaciones al Ejecutivo para poner cara previsible a la situación. Por lo pronto, parece haber consenso en que se afectarán las remesas, la industria turistica, las exportaciones y la inversión extranjera.

El laborioso proceso de aprobación del llamado Plan de Salvataje elaborado por el Secretario del Tesoro Norteamericano, George Paulson, no ha logrado aquietar el nerviosismo de las bolsas de valores.  Por más que le costará a los contribuyentes norteamericanos setecientos mil millones de dólares y aumentará el ya abultado déficit fiscal de la nación más poderosa de la tierra, no hay confianza de que, al menos en un plazo razonablemente corto, puedan dejar sentir sus esperados efectos positivos.   Esto origina una situación de incertidumbre que mantiene los mercados de valores en constante zozobra, arruinando a muchos y creando oportunidades de mayor enriquecimiento en el tiempo para aquellos otros que supieron manejarse con más prudencia y disponen de mayor capacidad financiera para esperar que comiencen a soplar vientos más favorables, lo cual seguramente les reportará sustanciosas ganancias.  El propio Paulson, quien diseñó este costosísimo plan, reconoce que el mismo no podrá evitar la quiebra de nuevos bancos e instituciones financieras, afectando además, todo el andamiaje en que descansa la economía norteamericana.  Todo esto que pudiera parecernos ajeno y distante, nos resulta por el contrario muy propio y cercano.  Nuestra interrelación con los Estados Unidos es demasiado estrecha para que no sintamos aquí, inclusive con gran fuerza, los intensos cabeceos de su economía. No por gusto, el ochenta y cinco por ciento del comercio exterior del país se efectúa con Norteamérica. 

Necesario, por consiguiente, insistir una vez más en que debemos prepararnos convenientemente para soportar los ramalazos de los vientos tormentosos que están agitando las finanzas del poderoso vecino.  No ha sido nunca la previsión una cualidad característica nuestra.  Por lo general, somos permisivos y dejamos correr acontecimientos que nos pueden resultar adversos confiando la solución a manos del tiempo o de fórmulas milagrosas.  Los resultados de esta desidia nunca han sido favorables.  Al final, reaccionamos solo cuando tenemos el agua al cuello.   Mucho menos podemos permitirnos este irresponsable lujo ahora en que afrontamos una crisis que gobiernos, economistas y organismos internacionales consideran como la más grave que haya afectado las finanzas mundiales y el sistema capitalista del que los Estados Unidos es  buque insignia.

No podemos seguir cerrando los ojos a esa realidad ni haciendo oídos sordos a las múltiples advertencias que nos tocan a las puertas.  Con el mismo empeño en que nos estamos abocando a estudiar los aspectos más novedosos o controversiales de la propuesta nueva Constitución, y aún con más urgida aplicación, tenemos que focalizar nuestra atención en este tema que es de máxima prioridad para el país. 

Porque así como podemos tomarnos mayor tiempo para divulgar y discutir los aspectos más relevantes y controversiales del proyecto de nueva Constitución, lo que resulta saludable,  a través de foros y seminarios,  sin apremio de reloj ni calendario y sin temor de que el país se vaya a pique,  no podemos perder tiempo en cambio, en preparamos adecuadamente para hacer cara a los momentos difíciles que se nos vienen encima a riesgo de ver aumentados nuestros niveles de pobreza,  agudizados los problemas que confrontamos que no son pocos ni de poca monta y corriendo el riesgo de caer en la condición de estado-fallido del infortunado vecino.   Y esto, sin excusa ni derecho a queja,  sería imperdonable estando en nuestras manos el evitarlo.

2008-10-14 15:46:20