EL TIRO RAPIDO
De
Mario Rivadulla
Acabamos de retornar de un breve viaje a la ciudad de Nueva York. De esa estancia de apenas unos pocos dìas, aparte de los primeros frìos precursores del pròximo invierno, hemos traìdo dos impresiones fundamentales.
La primera de ellas es de orden econòmico. La crisis financiera que ha provocado cambios tan bruscos en las bolsas de valores del mundo entero, llevado a la quiebra a firmas centenarias que se consideraban emblemàticas de la solidez y confiabilidad del sistema, provocado la ruina de muchos y aumentado la riqueza de unos cuantos que han pescado en rìo revuelto, ha dejado sentir tambièn sus reflejos negativos en la economía interna del paìs considerado el màs poderoso de la tierra.
Nunca antes como ahora en los ùltimos setenta años, los niveles de desempleo habìan sido tan elevados. El nùmero de desocupados aumenta de mes en mes, tanto como el de empresas que van cerrando sus puertas o restringiendo su producción y reduciendo su personal. Los precios de los combustibles, si bien tienden a bajar en la medida en que lo hace el petróleo, nunca habìan sido tan elevados, y detalle curioso, a diferencia de nuestro paìs, el gas oil cuesta màs que la gasolina. Muchos se han desprendido de sus vehìculos de mayor cilindraje para sustituirlos por otros de menor consumo. En las calles y autopistas por cada jipeta o carro grande, circulan cinco o seis vehìculos utilitarios, tambièn a diferencia de aquì donde ocurre todo lo contrario.
Pero la inflación ha tocado tambièn fuertemente a las puertas de los presupuestos domèsticos en el àrea alimentaria. Las alzas de los artìculos de la dieta son significativas y han obligado a racionalizar los gastos de la mayorìa de las familias de clase media y clase baja. Con un gran sentido de disciplina, previsiòn y ahorro han disminuido de manera apreciable los gastos no esenciales. La contracción del consumo se deja sentir en las tiendas de ropa y calzado, en los restaurantes y lugares de esparcimiento. La mayorìa de la gente se ha refugiado en la austeridad, a la espera de tiempos mejores.
La otra impresión dominante corresponde a las elecciones presidenciales. Aùn cuando por lo general los electores norteamericanos son bastante frìos e indiferentes, mostrando un alto nivel de abstención, en esta oportunidad se hace palpable una mayor involucraciòn. La campaña acusa un elevado octanaje de entusiasmo y pasiòn. Sin dudas, gran parte del mèrito de esta especie de despertar ciudadano hay que atribuirlo a la presencia y la personalidad de Barak Obama. A su sorprendente victoria en las elecciones internas del Partido Demócrata sobre la tambièn muy popular Hillary Clinton, quien lucìa al principio una apuesta segura, se agrega ahora la agresiva campaña que ha desarrollado frente al candidato republicano, George McCain, y que lo ha catapultado, segùn todas las encuestas, a las puertas mismas de la Casa Blanca.
En Obama han confluìdo varios factores. El hecho singular de ser el primer candidato y posible Presidente de color en los Estados Unidos, un incuestionable carisma, una oratoria muy convincente y un lema muy refrescante que gira alrededor de una sola palabra “Change”, cambio, que al parecer ha tenido efectos màgicos en una gran mayorìa de norteamericanos que ansìan que tanto su paìs como sus propias vidas marchen por nuevos rumbos.
En cambio, McCain, lo hemos dicho ya con anterioridad y estamos màs convencidos de ello, lleva sobre sus hombros una carga muy pesada: la impopularidad sin precedentes de George Bush, la cada vez màs rechazada presencia militar en Irak, la crisis financiera y la recesiòn econòmica. No alcanza su condiciòn de hèroe de la fallida guerra de Vietnam para compensar tantos factores negativos. No parece ser tampoco que la elecciòn de la Gobernadora de Alaska como compañera de fòrmula haya resultado una decisión acertada. Dentro de este marco comparativo la apuesta por Obama parece ser como jugar al seguro.
¿Què puede esperar Amèrica Latina de la elecciòn de este ùltimo? ¿Què cambios favorables pudieran producirse en la visiòn y la acciòn de los Estados Unidos hacia su trastienda continental? No parece en realidad que en la competencia por sentarse en la silla que George Bush calentarà ya por muy pocas semanas, el tema latinoamericano haya ocupado un lugar de importancia en la agenda de los candidatos. La misma participación de un nùmero creciente de electores de origen hispano luce responder a factores locales màs que a proyecciòn internacional. Pero aùn cuando no fuera asì, no parece tampoco que los Estados Unidos en los presentes momentos estèn en capacidad de prestar ayuda sobre todo a los paìses de economìas dèbiles como el nuestro para afrontar y superar la crisis.
La conclusión lògica y la màs saludable por consiguiente sigue siendo, tal como hemos señalado y reiterado con anterioridad, en adoptar cuanto antes las medidas de austeridad que imponen las circunstancias, no solo por parte del gobierno sino de cada quien. Recordemos que prevenir, es preferible a tener que lamentar. Y la època lo que exige es precisamente prevenciòn.
2008-11-04 20:09:23