Opiniones

EL SORPRENDENTE OBAMA

EL SORPRENDENTE OBAMA

Mario Rivadulla

La victoria de Barak Obama y consiguiente derrota de John McCain en las elecciones presidenciales norteamericanas era, parodiando al Nòbel de Literatura, Gabriel Garcìa Màrquez, una crònica anunciada y esperada.  Si bien la diferencia en votos directos del electorado no resultò tan significativa, el triunfo de Obama resultò aplastante. De recordar que el camino al Salòn Oval de la Casa Blanca no està determinado por el sufragio popular sino por los votos estatales.  Y en este campo, Obama màs que duplicò los obtenidos por su tenaz contricante.  Pese a que ambos se dividieron las preferencias de los electores en un nùmero parecido de estados, Obama triunfò en los que aportan màs votos presidenciales. Tales California con sus apabullantes 55 colegios electorales,  Illinois, Nueva York, New Jersey, entre otros,  hasta Texas, base polìtica original de George Bush  y La Florida, todos ellos considerados claves para lograr la victoria.  De ahì, su abrumadora ventaja.

Sobre McCain, lo habìamos señalado en diversas oportunidades, gravitaba una carga negativa demasiado pesada aùn para su glorioso pasado de hèroe de la fallida guerra de Vietnam que lo mantuvo prisionero por espacio de cinco largos y sufridos años.  La enorme impopularidad de George Bush superior a la de cualquier otro Primer Mandatario norteamericano; la cada vez màs rechazada presencia de tropas norteamericanas en Irak al costo de ya màs de cuatro mil vidas de soldados estadounidenses y de cien mil millones de dòlares anuales; la grave crisis financiera, desatada tanto por los rejuegos especulativos como por un codicioso y temerario al tiempo que descarado manejo gerencial por parte de ejecutivos inescrupulosos  que llevaron a la quiebra a empresas de larga trayectoria emblemàticas de la fortaleza del sistema y la recesiòn econòmica que mantiene al grito a un gran nùmero de familias de clase media y clase baja por el creciente desempleo y el alto costo de la vida, eran factores que conspiraron en contra del candidato republicano y le impuso  un gallardo aunque inútil esfuerzo de imposibles posibilidades de victoria.

Sin dudas, la trayectoria de Barak Obama, catapultado como figura nacional hacia la silla presidencial que en breve deberà abandonar George Bush, es un caso que produce profundo asombro.  No solo venciò en las primarias internas del Partido Demócrata a una figura tan popular y respetada como Hillary Clinton, quien meses atràs se proyectaba como indiscutible candidata a la presidencia, sino que supo despertar el creciente entusiasmo y mover a las urnas a gran parte del tradicionalmente apàtico electorado de su paìs, incluyendo a una buena legiòn de jóvenes de primer voto para sufragar en su favor al conjuro de una contundente palabra de efectos casi màgicos, “change”, cambio,  convertida en atrayente lema de campaña. 

Destaca que Obama es el primer hombre de color que llega a la Presidencia de la naciòn màs poderosa del mundo, con una fuerte tradición y fama de racista que ahora tendrà que ser revisada. Es un hecho de indudable gran significación.  Pero lo cierto es que por parte de Obama,, no fue  el elemento de màs peso para inclinar la balanza en su favor y èl mismo inteligentemente se cuidò   de argumentarlo para tratar de atraer el voto afroamericano, que por lògica gravitaria hacia su candidatura de manera espontànea. Tratàndose por demàs de un segmento minoritario, lo cierto es que fueron muchos los votantes de origen caucàsico que le brindaron su apoyo y decidieron su victoria. Otro aspecto llamativo es la gran cantidad de electores latinos, naturalizados norteamericanos,  que acudiò a las urnas y que  en sus   dos terceras partes lo hicieron por Obama.

Es obvio como han señalado  algunos de los màs calificados analistas polìticos que la victoria de Obama marca una nueva etapa en el devenir històrico de Norteamérica, cuyo electorado, por lo general muy frìo y ausente de las urnas, mostrò en esta oportunidad una participación militante y entusiasta movido por la emociòn que despertò el convincente y fascinante verbo de Obama, la frescura inspiradora de su mensaje y el anhelo y esperanza de cambio  en el rumbo del paìs y en la forma de vida de millones de estadounidenses muy distanciados del “sueño norteamericano”.

Al nuevo Presidente le esperan ahora grandes retos, particularmente exigentes en la misma medida en que supo ganarse la confianza y el apoyo del electorado,  que sin dudas reclamarà de èl soluciones, si no inmediatas al menos urgentes  para los problemas tanto de orden interno como externo que encaran los Estados Unidos.

En cuanto a los paìses de màs acà del rìo Grande y del Caribe, son contados los que arriesgan   prudentes dosis de optimismo apostando a posibles cambios en las relaciones con el coloso norteño; por el contrario,   la mayoria de las opiniones coinciden en expresar grandes reservas al respecto.  Ello asì, en razòn de las experiencias acumuladas a lo largo de los años que evidencian un persistente  escaso interès por parte de los Estados Unidos hacia su trastienda latinoamericana por un lado, y al hecho incuestionable, por otro, de que sus problemas internos y en otras àreas del mundo son de tal gravedad y urgencia que de seguro dejaràn muy poco espacio a la pròxima Administración para cambiar esa tradicional postura al menos en el corto plazo.

Sin dudas por el cùmulo de obstáculos que enfrentarà,  el papel de Obama como gobernante resulta ahora mismo una incògnita difícil de predecir.  Vale pues, junto a una prudente dosis de paciencia y esperanza y sin caer en la trampa de riesgosos pronòsticos desearle la mejor suerte en su gestión (si posible tirando una mirada aùn sea de soslayo hacia nuestro vecindario para tratar de conocer e identificarse con nuestras realidades y los cambios que se estàn produciendo en el mismo)  reconocerle   al pueblo norteamericano su ordenada y esta vez mucho màs nutrida participación e inclinación al cambio; y a John McCaine, porque fiel a lo que ha sido una constante en el ejercicio polìtico de su paìs, se apresurò a reconocer y felicitar a su contrincante y a desearle èxito.  Un ejemplo que por estas latitudes nuestras serìa conveniente y saludable que comenzàramos a imitar.

2008-11-07 15:43:38