EL TIRO RAPIDO
De
Mario Rivadulla
Cuando el Presidente Leonel Fernández viajò a Roma el pasado año para asistir a la Cumbre sobre Alimentación convocada por la FAO donde ostentò la representación de Amèrica Latina, la conclusión del evento fue recomendar a los paìses con potencial agrícola trabajar para garantizar su Seguridad Alimentaria. Repùblica Dominicana fguraba en esa lista, en tanto el vecino Haití, aparecìa en otra relaciòn muy diferente: la de aquellos otros 24 paìses que por el contrario, al no contar con ese potencial estaban abocados a sufrir de hambruna.
Despuès de esa Cumbre, el discurso del mandatario se mantuvo en la misma direcciòn. Hubo reuniones con los productores y acuerdos de alianza entre ellos y el sector oficial para impulsar el agro y llevarlo a sus niveles de óptimo rendimiento. Inclusive se reviviò la vieja meta de convertir el paìs en “el granero del Caribe”, para lo cual el propio Canciller llegò a plantear ante el Secretario General de la ONU un posible financiamiento de hasta 30 mil millones de pesos.
El Fondo Monetario, al aceptar la Carta de Intenciòn para el Acuerdo de Monitoreo que le dirigiò el llamado “gabinete econòmico” del gobierno, respaldò la polìtica de estabilidad monetaria mantenida por el Banco Central. Advirtió sin embargo, sobre la posibilidad de tener que flexibilizar la misma y frenar las importaciones si en un momento determinado el paìs se viese en dificultades para financiarlas.
El comercio con los Estados Unidos que antes del DR-CAFTA era muy equilibrado, presenta ahora un fuerte déficit en perjuicio nuestro, que ya suma varios miles de millones de dòlares. Tambièn deficitario, aunque en mucho menor medida, lo es con Centroamérica.
A diferencia de lo que ocurre en otros paìses del entorno: Haitì, bajo severas condiciones de carestías alimenticias; Cuba, que paradójicamente debe importar los propios Estados Unidos màs del 80 porciento de su canasta familiar a un costo superior a 600 millones de dòlares debido al fracaso de sus programas agrícolas agravados por el paso de los tres huracanes que azotaron la isla el pasado año y el propio rosario de pequeñas ìnsulas francesas y britànicas que dependen de las importaciones para alimentar su población, nuestros productores, aùn desenvolvièndose en condiciones adversas, abastecen el grueso del consumo domèstico y exportan cantidades apreciables de cacao, cafè, vegetales, frutales, granos y otros rubros del agro.
En el marco de los anteriores elementos, el anuncio de que Industria y Comercio y Agricultura proyectan realizar importaciones de alimentos que se producen localmente dizque para conjurar la especulaciòn con los artìculos de primera necesidad que atribuyen a la existencia de un cartel que mantiene altos los precios, resulta insòlito, paradòjico y sorprendente.
¿Es que aùn cuando ya no existen mecanismos oficiales de fijación de precios, las autoridades no disponen de otros medios de presiòn para bajar el costo de la vida, tan alto hoy como cuando se argumentò que la causa era el petróleo a 140 dòlares el barril? Si realmente existe un cartel que es responsable de los altos precios ¿acaso son tan influyentes sus integrantes que su poder supera al del gobierno? ¿Cómo gastar esas divisas cuando lo recomendable es todo lo contrario, en un año de profunda crisis en que todos estamos obligados a ser màs austeros a la vez que màs eficientes? ¿No costarìa mucho menos terminar Merca-Santo Domingo, dizque apenas faltan 10 millones de pesos para completar la obra, a fin de reducir los encarecedores tramos de intermediación, beneficiando a productores y a consumidores? ¿No es preferible dedicar esas divisas a mejorar las condiciones de trabajo, financiamiento y aplicación de tecnología en nuestro agro? ¿O serà por casualidad que las importaciones, como ha sido tradición,dejan unos buenos beneficios marginales a quienes las promueven?
De veras que resulta difícil de explicar, entender y justificar. Porque a este paso, ni “granero del Caribe”, ni tan siquiera granero de nosotros mismos.
2009-01-28 16:21:01