VISIÓN GLOBAL
Por Nelson Encarnación
Sensatez de ADP está de vacaciones
Una de las actividades humanas más afectadas con el cierre del mundo
como consecuencia de la pandemia de covid-19 fue la educativa, pues los
países tuvieron que entrar en una virtualidad para que una gran mayoría
no estaban preparados, razón por la cual el resultado no podía ser ni
siquiera regular.
Entre las naciones con mayores precariedades está la nuestra, no porque
estemos en los peores lugares de desarrollo en la región, sino porque en
lo tocante a la llamada conectividad tenemos una de las brechas más
amplias.
Esto, aunque plantee un contrasentido, se da muy a pesar de que en la
República Dominicana se disponen de relativos avances en materia de
comunicación, muy por delante de otros países de Latinoamérica.
Sin embargo, al entrar por obligación a la virtualidad educativa
preuniversitaria, nos encontramos con que una gran cantidad de la
población estudiantil carecía de acceso a internet o su conectividad era
tan precaria que no disponía de acceso permanente a los contenidos
puestos en línea.
Ante esa realidad se tuvo que recurrir a métodos ya superados, como fue
el uso masivo de la televisión y la radio, de modo que la falta de acceso
seguro a internet fuera suplida por vía de esos medios de comunicación
electrónicos.
De todos modos, y pese al gran esfuerzo de las autoridades y a la enorme
inversión presupuestaria, al final del año lectivo los resultados no fueron
los deseados, si bien se decidió darlos como buenos para pasar esa
página y avanzar hacia el siguiente piso.
Frente a esta realidad, y ante el hecho de que es en el presente año
cuando ha empezado una normalidad relativa, resulta una insensatez de
la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) paralizar la docencia en las
escuelas públicas para hacer valer sus reclamos.
En este país—y probablemente en el mundo—los niveles de sacrificio en
que han tenido que incurrir todos los sectores ha sido la conducta
correcta para contribuir a hacerle frente a una desgracia sanitaria y sus
derivaciones, de la cual nadie es responsable, sino que todos de alguna
manera somos víctimas.
Además, está demostrado que en el sector público los maestros no son
los más afectados por los bajos salarios, una situación generalizada que
toca a la inmensa mayoría de los servicios del Estado, con la excepción de
algunas instituciones que proporcionan buena remuneración a su plantilla.
Si lo analizamos de manera sectorial, nos topamos con la realidad de los
servidores del área de la salud, en especial los médicos y enfermeras; y lo
mismo podemos decir de los ingenieros, agrónomos, veterinarios y otros
profesionales con salarios míseros. ¡ADP, sensatez, por favor!
Nelsonencar10@gmail.com