Mario Rivadulla
Miércoles 16,09,09
Al igual que el matutino El Día en su acertada nota editorial de hoy, no ponemos en duda que la congresista Amarilis Santana Cedano esté animada de la mejor de las intenciones al someter un proyecto de ley mediante el cual se obligaría a los medios de comunicación a contribuir con la educación del país, insertando notas y mensajes grabados de previa elaboración por parte de un organismo del Estado, que cabe suponer sea la propia Secretaría de la docencia. Creemos oportuno, sin embargo, hacer un par de aclaraciones y sugerencias sobre el mismo.
Primera aclaración: los términos ?obligación? y ?contribución?, distinguida congresista, son contradictorios. Si se le quiere imponer compulsivamente a los medios las mencionadas inserciones publicitarias, hay que descartar que se trate de una contribución. La compulsión por demás, resulta innecesaria. A lo largo del tiempo, los medios de comunicación hemos sido canales de divulgación de toda noticia que resulte de interés en el campo docente en forma espontánea y gratuita, Más aún, nos hemos convertido en cruzados voluntarios y consistentes a favor de todo lo que redunde a favor de la educación y la cultura. Igual hemos procedido en el caso de las alertas e informaciones de salud, de desastres naturales y de cualquier otro tema de importancia nacional tanto como tribuna de valores éticos y principios. La experiencia en el tiempo da amplia evidencia de que para ello no ha hecho falta acompañar la exhortación o el pedido oficial de ningún elemento de compulsión, menos de amenazas de retirar licencias a directores y personal de los medios.
Segunda aclaración: convertir en ley un proyecto como el promovido por la congresista Santana Cedano constituiría una severa intromisión en el libre ejercicio de la comunicación consagrado por la Constitución y la Ley que regula la materia. Más aún: sentaría un peligroso precedente para futuras demandas de ?obligada contribución?, imponiendo mensajes de la más diversa naturaleza en lo absoluto relacionadas con la educación ni otras cuestiones esenciales al país y hasta pudiera representar graves limitaciones informativas y de opinión. Incursionar de esa forma en el ejercicio de la prensa puede conducir a peligrosas arenas movedizas que frenen su libre expresión de la cual hasta ahora, con contadísimas excepciones, hemos sido ejemplo del que podemos sentirnos orgullosos.
En cuanto a las sugerencias.
La primera, puede comenzar por la propia telemisora oficial, reclamando sea convertida en totalmente educativa, tal como se supone que debe ser su misión.
La segunda, como congresista, cuando llegue el momento de conocer el próximo proyecto de Presupuesto, convenza a sus colegas de hacer los ajustes de lugar para que, tal como ha prometido el Presidente de la República, se pueda al fin destinar el cuatro porciento del mismo a promover la educación, en la que ciertamente ocupamos los más bajos escalones de la retaguardia en las distintas evaluaciones que se han hecho por organismos internacionales. Algo que debe ser motivo de profunda preocupación y bochorno y que tenga la seguridad, apreciada congresista, que no se resuelve pretendiendo obligar a los medios de comunicación a difundir mensajes e informaciones de interés para la docencia, que a través del tiempo han sido divulgados con gratuita amplitud sin estar sometidos a la amenaza ni al garrote de ninguna ley represiva.
Es cuanto.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2009-09-17 14:16:47