Mario Rivadulla
Lunes 5,10,09
Declaraciones del Coordinador Principal para Iniciativas Económicas de la Dirección de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Charles Shapiro, sosteniendo que los asuntos de Haití y República Dominicana no son dos cosas aparte y que muchas de las soluciones del territorio vecino se encuentran de este lado de la frontera, han levantado un verdadero avispero de comentarios y colocado de nuevo en actualizar la antigua pero siempre latente sospecha de que haya fuerzas poderosas que sigan promoviendo la unificación insular como un solo Estado.
Pretensión o posibilidad, el rechazo a tan infortunada, absurda e inviable idea se ha reavivado. Proximidad y compartición geográfica, en modo alguno involucra identidad. Somos dos pueblos bien distintos.. No es problema de discriminación racial como tantas veces se ha querido presentar, que a fin de cuentas por nuestra parte también tenemos el negro cuando no delante, detrás de la oreja, sino de otros factores de mayor importancia. Diferencias culturales, históricas, idiomáticas, religiosas, de costumbres y hábitos de vida. Pero además de desarrollo social y económico tanto como de estructuración institucional. Lo que aquí es pobreza, allá es extrema miseria;aquí Estado deficiente, allá Estado fallido. Cualquier intento en sentido de unificar la isla en una sola nacíón constituiría en la práctica un propósito natimuerto, peor aún una auténtica convocatoria a guerra civil.
En lo que sí tiene razón el señor Shapiro es en que muchas de las soluciones de Haití están en República Dominicana. El país, a través de la migración masiva, ha representado un constante desahogo para la hirviente y rugiente caldera que es Haití. Hay que imaginarse a cuánto más angustiosa pudiese llegar la situación al otro lado de la isla, si en éste, mal que bien, no hubiera encontrado acogida un millón o más de sus nacionales. Cuanto mayor su miseria, si no fuera por los cientos de millones de dólares que anualmente remiten los haitianos residentes aquí, en su inmensa mayoria indocumentados y de bajo nivel cultural, que se ganan la vida en las más diversas actividades.
Compasivos y compresivos con esa inmigración, como reclaman los obispos, es mandato de humanidad y buena convivencia.
Que reciban toda la protección de la ley y les sean reconocidos sus derechos humanos y sociales, tal como queremos y demandamos para los dominicanos que han debido emigrar por parte de los diferentes países donde se han aposentado.
Que les ofrezcamos asistencia en nuestros hospitales a sus parturientas y enfermos, obligada muestra de solidaridad, la misma que quisiéramos para nosotros de estar en su lugar.
Que promovamos las mejores relaciones con el vecino haitiano, estimulemos el intercambio comercial y ejecutemos programas conjuntos de común beneficio, sobre todo en la deprimida área fronteriza, expresión de racionalidad y sentido común.
Pero de ahí a la fusión, hay una brecha imposible de salvar. Como resulta igualmente el demandar de nuestro país más ayuda y cooperación de la que ha brindado hasta ahora, recibiendo a cambio solo críticas, en su mayoría injustas y desproporcionadas, en base a situaciones aisladas que se producen a diario dentro de las propias fronteras de quienes las promueven.
Claro todo lo que ocurre allá, repercute aquí. Y viceversa. Pero debe quedar bien claro que la tarea de rescatar a Haití del estado de postración en que se encuentra sumido, no es nuestra ni estamos en capacidad de echarnos encima esa carga adicional cuando apenas podemos con la propia. Es deber de quienes de boca hacia afuera se muestran más preocupados y compasivos con el destino del pueblo haitiano y que debieran traducir tan nobles sentimientos en acciones concretas a favor de su infortunado pueblo.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2009-10-06 15:47:39