Opiniones

El discurso político y los aspirantes a posiciones públicas

En estos tiempos en que la competencia en todos los ámbitos de la vida se ha convertido en la regla de convivencia ciudadana, se hace muy difícil articular un discurso, hablado o escrito, que pueda ser creíble para los diferentes núcleos de la población, que están sometidos al rigor de la crisis económica y social que vivimos como país y como región, conformada por diferentes países caracterizados, en su mayoría, por el mismo denominador común: Pobreza, violencia y corrupción.

Esta realidad económica y social prevaleciente en la región latinoamericana ha hecho casi imposible que los dirigentes y las organizaciones políticas hayan podido articular un discurso político autentico y que este pueda ser recibido y asimilado como una promesa de verdadera redención social y económica a favor de la gente, ya que la realidad política que ha venido predominando en los últimos años en esta región es que los grandes núcleos de población no confían en el discurso de sus dirigentes político, porque la sucesión de gobiernos que han pasado por el Estado no ha sido de mejorías para esos grandes núcleos sociales en estos países.

Esa es la razón por la que un número cada vez mayor de personas no creen ni confían en el discurso enarbolado por los dirigentes políticos, que en la actualidad se disputan las posiciones públicas y la dirección del Estado. Esta realidad de falta de confianza de la población en los partidos y el discurso político de sus dirigentes se ve aumentada por los niveles de corrupción que han venido prevaleciendo en muchos gobiernos democráticos de la región, en donde muchos gobernantes están teniendo que recurrir al endeudamiento externo de las economías de sus países, porque no cuentan ni siquiera con recursos económicos mínimos, como ahorros internos, para hacerle frentes a la situación de deterioro económico y moral en que su comportamiento de manejo inadecuados de la economía ha sumido a muchas de estas naciones.

El caso de nuestro país, la Republica Dominicana, es un ejemplo evidente de esa falta de confianza de los gobernados en sus dirigentes, en donde la deuda externa, por ejemplo, en los últimos 8 años se ha ido multiplicando por tres, ya que de unos 8 mil millones de dólares ha ido extendiéndose a unos 24 mil millones, si se concretan los últimos prestamos anunciados y proyectados; estos prestamos tienen el agravante de que se han estado haciendo en su mayor parte no para inversiones productivas, sino con el objetivo de corregir déficits presupuestarios y fiscales, con el agravante, adicional, de que en la actualidad las altas tasas de impuestos que en la actualidad pagan los ciudadanos, ya no son suficientes para hacerles frente a los intereses que deberá pagar el gobierno por concepto de los nuevos prestamos que esta contrayendo en la actualidad con la banca internacional y los organismos crediticios internacionales, lo que traerá como resultado la modificación de la estructura fiscal con sus efectos dañinos para la población de menores ingresos económicos.

Lo peor de la situación de crisis económica, social y moral que vive nuestro país es que no se vislumbra, en este momento, en el escenario político nacional una fuerza política cohesionada y pujante con la visión y la capacidad de poder encabezar el relevo político, ya que por la división y la falta de unida que se advierte en el seno de los partidos políticos dominicanos, la población ve alejarse la esperanza de contar con una coalición de organizaciones políticas con posibilidades reales de encabezar el cambio político que esta exigiendo el país en esta coyuntura.

Por ello el discurso político que se debe enarbolar debe ser creíble y para ser creíble este debe enfatizar cuál es el gobierno que mas recursos económicos ha manejado desde el Estado en los últimos años; debe poner en evidencia, además, que el manejo inadecuado de esos recursos es la causa principal para que la población este viviendo la situación de falta de esperanza y de limitaciones económicas, materiales y espirituales que esta padeciendo. Cuando el discurso político ponga en evidencia esta realidad económica y social que esta viviendo la mayoría del país, producto del mal manejo de la economía y del endeudamiento externo, ello ayudara a que la gente conozca el origen del agravamiento de su situación económica. De esta forma podremos lograr que el discurso político comience a tener interés, validez, esperanza y confianza en los sectores sociales mas afectados por la crisis económica.

El discurso político para ser confiable debe decirle al país que la crisis económica global no es la causante de la situación de calamidad económica que hoy nos afecta como nación, si no que esta es utilizada como argumento para tratar de justificar, ante los ojos de la población, la incapacidad del gobierno para tomar medidas económicas eficaces a favor de la gente, a través de medidas gubernamentales correctas que ayuden y faciliten el desarrollo de las empresas, los negocios y las familias. El discurso político debe orientarse a explicarle a la gente que la crisis económica nuestra es mas profunda por el derroche de recursos económicos que ha hecho el gobierno y por sus afanes de endeudamientos, lo que a su vez se traduce en mayor carestía para los sectores medios y pobres de la población, mientras el grupo gobernante exhibe ante el país los beneficios del usufructo de sus posiciones de poder.

El discurso político, para ser confiable, debe poner en evidencia las diferencias entre quienes se dedican a la actividad política con fines puramente personales y quienes participamos en la actividad política porque estamos conscientes que esta es un medio que nos permite aportar y ayudar a la población, que cada día observa a muchos partidos y sus dirigentes hablando de los pobres, de la pobreza, del bienestar de la gente y de la democracia, sólo como una forma de asumir una retórica que les ayude a escalar una posición publica, sin embargo, en sus convicciones internas no le interesa la solidaridad con la gente, ya que ella es una condición necesaria para ayudar a las comunidades a ir enfrentando las limitaciones y escasez a que da origen la pobreza extrema en el seno de la población. Por eso a diario descubrimos que el discurso de muchos que aspiran a posiciones públicas no pasa de ser un artificio conceptual para coronar sus propias aspiraciones y nada más.

Por ello la gente debe establecer la diferencia entre el discurso político de quienes aspiran a una posición publica y su conducta de vida en el seno de sus comunidades, para establecer los niveles de compromisos y solidaridad con sus gentes que adornan a esos aspirantes, ya que por mas poses y discursos que un aspirante asuma, siempre podrá ser identificado en su verdadero comportamiento por parte de la gente. Por ello en estos tiempos de elecciones, en las que muchos aspiran a una posición pública, debemos ser votantes observadores y reflexivos para establecer quienes son todos los que están y quienes son los que reúnen las condiciones de tener un discurso político en que las palabras coincidan con los hechos.

Evelio Arroyo es sociólogo, abogado y escritor.

2009-11-02 16:28:14