Mario Rivadulla
Martes 10,11,09
Acabamos de conmemorar un hecho de gran trascendencia historica: la caída del muro de Berlín, llamado también ?Muro de la Vergüenza?, que por espacio de 27 largos y ominosos años dividió a Alemania en dos Estados: la del Oeste gobernada por un régimen democrático y la del Este sometida a una férrea dictadura. Levantado por las autoridades de esta última, el muro que sirvió de mudo epitafio a decenas de alemanes que ganados por el afán de libertad trataron de cruzarlo y en el empeño encontraron la muerte, fue durante ese tiempo tenebroso símbolo de opresión para millones de seres humanos. Familias enteras se vieron separadas por casi tres décadas, envejeciendo y muriendo sin volverse a ver a ambos lados del muro fuertemente custodiado en la parte oriental por tropas escogidas que tenían órdenes estrictas de matar a todo aquel que intentara salvar la vergonzosa barrera, las cuales cumplían con celosa meticulosidad. Pocos lograron burlar el cerco, mezclando audacia con imaginación.
La caida del muro de dos metros de alto fue expresión del derrumbe inminente del imperio soviético, severamente minado por sus grandes contradicciones internas y fracasos económicos. Junto con la Unión Soviética se vino abajo, como frágil castillo de naipes, todo el andamiaje de países satélites de la Europa Oriental sometidos al mismo yugo opresor de dictadores locales que se prestaron a subyugar a sus pueblos siguiendo las órdenes llegadas del otro lado de la llamada ?Cortina de Hierro?. Naciones de gran tradición democrática como Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, la propia Alemania vieron ahogados en sangre y represión sus desesperados estallidos de protesta y reclamos de libertad. La caída y desaparición de odiado muro fue un acto de liberación que permitió el reencuentro del pueblo alemán.
La asimilación no ha sido fácil pero la tenacidad y la comprensión de unos y otros, posibilitó superar las diferencias entre ambas Alemanias: la del Oeste,democrática, próspera y progresista: la del Este en cambio, con una población sometida a vergonzoso régimen de espionaje y brutal represión policial y con unos niveles de vida muy inferiores. Tanto logró avanzar en este proceso que la actual Jefa de Estado de una Alemania unida que figura entre las tres o cuatro economías más pujantes del mundo,la señora Angela Merkel, nació precisamente en el lado oriental y fue por consiguiente, testigo y víctima de las difíciles condiciones de vida de sus oprimidos habitantes.
Más de cien mil berlineses celebraron con entusiasmo por todo lo alto la caída del Muro, encabezados por la propia señora Merkel y Mijail Gorbachov el ex Primer Ministro Soviético que tuvo la visión del inexorable desplome del sistema que llegó a determinar la existencia de casi mil millones de seres humanos en el planeta y que en un esfuerzo desesperado pero ya inútil por tardío, promovió la Perestroika y el Glasnot para tratar de salvar sus restos. Había motivos más que sobrados para el festejo. Pero también para recordarnos que todavía hay muchos muros levantados en muchos lugares del mundo, unos de concreto como el de Berlín, otros figurados como el Paralelo 38 que desde hace más de medio siglo divide a las dos Coreas, y que al igual que en el caso de Alemania ha mantenido separados a millones de familias, con dos muy recientes, breves y emotivos encuentros para algunas de ellas.
Países y gobiernos que son firmantes de la Carta de Derechos Humanos de la ONU y toman asiento en el organismo, no tienen reparo en vulnerar los derechos humanos más elementales, ya sea en régimenes de derecha como ocurrió con el ya desaparecido de Pinochet en Chile, ya al presente en Cuba donde el anacrónico régimen castrista, único del Continente donde no existe el pluripartidismo, continúa desconociéndolos. La opresión no tiene ideología. Tampoco justificación. Es igualmente condenable en cualquier tiempo, circunstancia y sistema. Como lo es también la libertad como derecho consustancial al ser humano cualquiera que sea su nacionalidad, raza, condición social o ideología política.
Contra esa opresión venga de quien venga y a favor de esa libertad como valor permanente tenemos que celebrar todos la caída del ominoso Muro de la Vergüenza.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2009-11-11 14:47:10