¿A QUIEN CREER?
Mario Rivadulla
Miércoles 11,11,09
Días atrás, la prensa haitiana divulgó una carta pública dirigida al Presidente Leonel Fernández firmada por un grupo de políticos, diplomáticos, intelectuales y comunicadores de esa nacionalidad, denunciando alegados atropellos contra sus nacionales residentes aquí y una supuesta campaña de odio a través de los medios de prensa dominicanos en contra de los mismos, reclamando del mandatario la adopción de medidas para poner freno a esa situación. Más reciente, el Senado de Haití guardó un minuto de silencio en memoria de los haitianos dizque ?masacrados? en la República Dominicana, no refiriéndose a la época de Trujillo sino a la actual. Si la misiva inicial causó justificada sorpresa e irritación, la acción de los senadores haitianos ha desbordado tanto el asombro como la indignación de este lado de la frontera, levantando una polvareda de ácidos comentarios por parte de voces representativas de distintos segmentos sociales.
Paradójicamente, al mismo tiempo que el país recibe del vecino estas dos andanadas de injustas acusaciones y belicosos reproches, el nuevo Primer Ministro de Haití, Jean Max Bellerive, acaba de suscribir una declaración abogando por una política de responsabilidad nacional y diplomática frente a la desbordada migración haitiana hacia la República Dominicana y otros países de la región. En este sentido, el jefe del gabinete haitiano, considera necesario reactivar la Comisión Mixta Domínico-Haitiana para, según sus propias palabras, dialogar con serenidad con los dirigentes dominicanos para encontrar soluciones a los problemas que se han suscitado y a los que puedan surgir en el futuro.
Poniendo el dedo en la llaga de la problemática de su país, Bellerive reconoce que todo el mundo se ha estado marchando al exterior porque Haití no le ofrece expectativas de cambio y enfatiza la necesidad de crear empleos para resolver la estampida migratoria y desordenada hacia este lado de la isla y mejorar sus actuales muy precarios niveles de seguridad.
Son palabras sensatas que motivan a esperanza de una mejor relación por la que siempre hemos abogado y que es necesaria para garantizar la paz insular, acometer la solución de problemas que son comunes y crear mecanismos efectivos de entendimiento y colaboración en provecho de ambos pueblos.
Queda flotando, sin embargo, la duda de a quién creer. ¿A los firmantes de la carta pública, cuyo contenido no era precisamente un inspirado himno en pro de la convivencia pacífica sino todo lo contrario? ¿Al Senado haitiano, con esa falaz y exagerada acusación pretendiendo masificar hechos aislados de que han sido víctimas algunos haitianos y de que también son en muchos casos, los propios dominicanos, presentándolos como política discriminatoria de nuestro gobierno y actitud racista de nuestra sociedad? ¿O por el contrario, al discurso conciliador esgrimido por su recién estrenado Primer Ministro?
Preciso despejar esta actitud ambivalente para establecer con toda claridad la ruta que habrán de tomar en el futuro las relaciones domínico haitianas, que es de desear y esperar sean llevadas con guante de seda y no con puño de hierro.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?.
2009-11-12 15:36:15