Opiniones

El Metro, el Narco y el Futuro

Por Milton Olivo

Era el décimo día, del primer mes, del décimo año, del primer siglo, del nuevo milenio. Un extraño ruido le provocó cierto sobresalto. Justo cuando el metro de Santo Domingo se eleva para cruzar la avenida Charles de Gaulle. Que por cierto debería ser rebautizada ?Comandante Monte Arache?.

Soñoliento se transportaba a la universidad. Su vagón en el tren, en minutos se convirtió en un campo de batalla verbal. Continuando una conversación alguien concluyó terminante;

?-A mi que nadie me hable pendejá, esto ya no lo arregla nadie…ni Trujillo que vuelva?, concluyó. Percibí cierto pesimismo aprobatorio entre los del entorno.

Sobre nuestro amigo, sinceramente no podría asegurar, si estaba despierto o dormía. Si sé, porque me lo contó luego, que la intensidad azul del majestuoso cielo Quisqueyano, y las inmensas e irregulares cordilleras de algodón que lo adornan permanentemente en forma de nubes, le robaban intermitentemente su atención. ?Estamos jodidos; otro expresó afirmando con la cabeza.

Fue cuando imaginó al Cacique Enriquillo, escalando la legendarias montañas del Bahoruco, prácticamente desarmado, con la confianza puesta en conseguir las armas del enemigo, en el horizonte el majestuoso lago del Comendador, luego bautizado con su nombre, donde luchó catorce años, hasta que conquistó la libertad de su pueblo, el pueblo Taino, nuestros ancestros. También pensó en la declaración de independencia de 1844; Haití con 600 mil habitantes, nosotros con 150 mil, ellos con un ejercito poderosísimo, nosotros con ninguno. Y sin embargo? a golpe de valor y decisión, los abuelos triunfaron. Entonces es una tontería decir que estamos jodidos.-

Fue cuando escuchó una voz pausada, parecía lejana, de seguro ?eso si- desconocida, que dijo: ?Señores, jodidos estábamos cuando la anexión a España por Santana en 1861. El fue sometido a un bloqueo naval ?a partir del grito de Capotillo- 22 Barcos de guerra españoles bloqueaban todos nuestros puertos, para que no entrara ni saliera un alfiler. Y el ejército local, mas 30 mil soldados españoles bien armados ocupaban nuestro territorio, con órdenes de o someter el pueblo o fusilar los opositores. Fusilando al patricio Francisco del Rosario Sánchez en San Juan, al Comandante José Contreras en Mora y al patriota José Olivo en Santiago y muchísimos otros bravos más en todo el país. Además contaban con la complicidad de Haití que perseguía a los patriotas, para congraciarse con los tiranos españoles.

Ayer, al igual que hoy, gran parte del pueblo, y los notables de la época repetían una y otra vez, al igual que hoy, ¡esto se jodió! No hay nada que hacer. Convencidos decían: ¿cómo un pueblo desarmado, va a derrotar el ejército local, más las fuerzas española, y la complicidad de Haití?

Sin embargo, de los humildes del pueblo, de los insignificantes, de los sin nombres, se levantó un ejercito invencible, que derrotó al presidente Santana y su ejercito, a los españoles, y los voluntarios de Cuba y Puerto Rico que habían desembarcado. Quedando enterrado en nuestra patria más de 18 mil soldados peninsulares que no pudieron regresar, porque quedaron atrapados en tumbas improvisadas en los campos de batalla.

Era increíble el silencio existente, todos los pasajeros estaban atentos, y como no se podía comer chicharrones, ni siquiera el desplazamiento del Metro se sentía.

Por primera vez brotó una voz femenina, pero hablo por mil años cuando dijo: ?Ánimos señores, que aunque estamos en una decisión difícil, y hemos perdido esta primera década del siglo, y gastado mas de 3 billones de pesos, y tomado prestado mas de 17 mil millones de dólares, mas los problemas de los narcos, la delincuencia, la corrupción y otros, todo es remediable. Solo basta que los dominicanos, nos lo propongamos. Pero para eso es impostergable, que todos entendamos que primero tenemos que cambiar nosotros. Para que pueda cambiar la sociedad. En el pasado siempre triunfó la patria, porque había hombres y mujeres dispuestos a luchar para que sea así.

Escuchen esto, y sacó un papel, esto es una carta que le envió Gregorio Luperon a un amigo, antes de lanzarse a la guerra contra la dominación española: ?Yo veo delante de mi, un sendero largo, oscuro y penoso. Pero el conduce al cumplimiento de un deber sagrado, la libertad de la patria. Si muero en ella, lo que es muy probable, moriré por lo menos honradamente en defensa de nuestra patria. Pero si acabo mi tarea, tendré el reconocimiento de mis amigos, de mis compatriotas y la aprobación de mi conciencia. Si desgraciadamente hiciera lo que hacen los indiferentes hoy en el país, que cruzan los brazos ante los problemas de la patria, me volvería loco.

Justo se detuvo el Metro, nuestro amigo había llegado a su destino. Pero era otro, su vida había sido transformada. Había adquirido sentido. Se desmontó del tren, el tren cerraba sus puertas; el cerró los puños, respiró profundo y a todo pulmón gritó: ¡Viva la patriaaaa Carajooo! Y?de dentro del tren, del andén, de las escaleras, creo que hasta de las oficinas, contestaron?¡Que vivaaaaa!

2010-01-11 22:07:11