GENEROSOS PERO PREVISORES
Mario Rivadulla
Lo ocurrido en Haití como consecuencia del sismo que azotó la ciudad de Puerto Príncipe más que una simple tragedia es una verdadera catástrofe.
Todos los reportes referidos a la situación de la capital vecina y procedentes de las más diversas fuentes informativas y diplomáticas, coinciden en señalar que la urbe haitiana prácticamente ha quedado reducida a escombros y que el conteo de muertos pudiera arrojar varios miles.
Ha sido un golpe contundente de la Naturaleza, a la que tantas veces hemos golpeado arteramente los humanos sin compasión, medida, previsión ni prudencia. Quizás una especie de revancha que se ha cobrado las tantas cuentas pendientes precisamente con el pueblo más empobrecido e infortunado del Continente, uno de los más miseriosos de la tierra.
En nuestro país, donde se sintió con fuerza el temblor, los estremecimientos del terremoto en una escala de 7.3 puntos en la tradicional medición de Ritcher, sembraron justificada alarma aunque por suerte no provocaron víctimas ni daños. El temor aumentó en las dos primeras horas siguientes al movimiento telúrico, en que se rumoró la posibilidad de un tsunami.
Ahora, la catástrofe haitiana presenta un doble escenario para esta parte de la isla.
En primera instancia, la convocatoria a la solidaridad. La mano, tradicionalmente generosa del dominicano, tiene que extenderse nuevamente para llevar pronto y el mayor auxilio posible al otro lado de la isla. Ya el gobierno ha comenzado a despachar ayuda. Personal médico, medicamentos, ambulancias, camiones con alimentos y cocinas para prepararlos y cuanto más resulta de rigor en estos casos han estado cruzando la frontera en dirección a Puerto Príncipe.
Es una operación de socorro humanitario que debe continuar y ampliarse con la más activa participación del sector privado y la ciudadanía en general. No importa cuán pequeño pueda ser el aporte ni de qué naturaleza; en situaciones como ésta lo que aparenta ser más insignificante siempre resulta útil y puede contribuir a salvar vidas.
El otro escenario corresponde a las urgentes medidas de Estado que deben ser tomadas por el gobierno en la zona fronteriza para frenar un previsible éxodo masivo, tanto espontáneo como organizado, hacia esta parte del territorio que ocupamos en condominio, pero en compartimientos de diferente decoración.
Toda la ayuda, todo el auxilio, todas las demostraciones de solidaridad que, repetimos, deben ser todo lo amplias y sostenidas que nos permita nuestra propia realidad, tienen sin embargo que materializarse al otro lado de la frontera. El país no puede soportar una invasión masiva de inmigrantes indocumentados que agravaría aún más, los problemas derivados de la presencia ilegal en nuestro territorio de una tan extensa e incontrolada comunidad haitiana como la que desde hace años arrastramos y que, sin evadir nuestra cuota de complicidad, irresponsabilidad e imprevisión, se nos ha convertido tanto a nivel local como internacional, en uno de mayores problemas a solucionar que encara el futuro de la nación dominicana.
¡Ahora más que nunca que se deje sentir con toda largueza nuestro sentido de generosidad, pero también que nos mostremos todo lo prudentes y previsores que exige la situación!
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23, 13, 01,10. ?teledebate(a)hotmail.com?
2010-01-14 15:50:10