Mario Rivadulla
Lunes 15,02,10
El Cardenal López Rodríguez, con el tono cáustico que utiliza con tanta frecuencia para enfocar los problemas del país, tronó el fin de semana en dos ocasiones.
La primera para criticar tanto el actual Código Procesal Penal que, al igual que muchos ciudadanos y profesionales del Derecho y hasta magistrados de la Suprema, considera en extremo permisivo, como el comportamiento de algunos jueces que a su juicio y el de también gran número de ciudadanos, califica de excesivamente complaciente en el manejo de expedientes que les son sometidos, involucrando a elementos considerados de alta peligrosidadl ligados al narcotráfico y al crimen organizado, al otorgarles libertad bajo fianza, en ocasiones por sumas ridículas, pese al riesgo cierto de fuga y a la falta de mecanismos de control policial para evitarlo.
A ese brulote le siguió otro disparo de misil de alta potencia de su bien nutrido arsenal verbal al afirmar que el país ha caído en manos del tigueraje y los narcotraficantes. Un señalamiento que casi de inmediato ha encontrado un amplio eco por parte de personalidades políticas y figuras y entidades de la Sociedad Civil. Si sus palabras fuesen sometidas a encuesta popular, de seguro hallaría resonancia en una inmensa mayoría de la población que comparte ese mismo criterio.
En cuanto a lo primero, la alegada vulnerabilidad del Código y la debilidad que muestran algunos jueces en la aplicación de las medidas de coerción, el tema da mucha tela que cortar y abarca distintos aspectos que serán objeto de un nuevo Tiro Rápido. En esta ocasión, nos concretaremos solo al segundo, o sea, el hecho de que en el país estén prevaleciendo el tigueraje y el narco, lo que por desgracia ha pasado de ser percepción extendida a una penosa y palpable realidad.
Bien es cierto que el orden público presenta graves fracturas. Al margen de cuanto puedan alegar las autoridades, de las estadísticas que divulgan y de la comparación de nuestro índice de criminalidad con el más elevado de otros países del área, lo cierto es que existe en la población una sensación generalizada de indefensión ante la reiterada la comisión de hechos delictivos de una gravedad y naturaleza extraños a nuestro medio hasta pocos años atrás, y frente a los cuales los organismos de investigación y orden público dan la impresión de verse superados. Negarlo sería tan absurdo como pretender tapar el sol con un dedo.
Ahora bien?es la actual quiebra de seguridad y auge de violencia no solo criminal sino social que padecemos, un simple problema de orden público?¿Basta acaso con el llamado Plan de Seguridad Ciudadana para llevar paz a los barrios y comunidades? ¿Son medidas policiales el remedio eficaz para superar la gran crisis moral y la inversión de valores que afecta nuestra sociedad y que constituye la verdadera raíz del clima contaminado en que hoy se desenvuelve la vida de los dominicanos?
El país, sumido en los más preocupantes niveles de degradación, requiere de una gran cruzada colectiva de rescate. Porque atacar únicamente los efectos sin profundizar en las causas que los producen, será siempre seguir dando vueltas interminables en el mismo y cada vez más asfixiante círculo vicioso en que estamos atrapados. Una situación que a todos afecta y una misión que a todos nos compete.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2010-02-16 15:34:18