Opiniones

El Tiro Rápido

Miércoles 24,02,10

PARA DESMEMORIADOS E INDIFERENTES

Mario Rivadulla

No era un terrorista.

Tampoco un peligroso infiltrado de la CIA.

Ni un guerrillero alzado.

Nunca un burgués acomodado a quien el gobierno hubiese despojado de sus bienes.

Era solo un obrero de la construcción. Albañil, para ser más precisos.

Su único delito: ser disidente. Pedir cambios democráticos para la tierra que le vió nacer y que hoy acoge sus restos. Respeto a los derechos humanos, universalmente reconocidos y establecidos en la Carta de las Naciones Unidas. Oportunidad de poder expresar libremente su inconformidad. De practicar el sindicalismo libre.

Por ese delito, en la llamada Primavera Negra de Cuba, junto a otros 74 disidentes como él, compartió en conjunto una condena global de más de mil cuatrocientos años en un juicio amañado, donde no permitieron asistir a los familiares de los acusados y le vedaron la entrada a diplomáticos y corresponsales de prensa extranjeros para que no hubiese testigos incómodos que pudieran dar fe de la infamia.

Más de mil cuatrocientos años.. Sin haber asesinado a alguien. Sin haber colocado una bomba ni cometido algún otro acto terrorista. Sin haberse alzado en armas. Sin estar conspirando ni intentado derrocar el gobierno. Tan solo por el delito ¡mortal pecado político en una férrea dictadura! de pensar y opinar distinto.

Seis años a partir de entonces guardando injusto, arbitrario y abusivo encierro de una condena de treinta y seis. Ochenta y tres días en huelga de hambre reclamando tan solo recibir trato de prisionero de conciencia, como le fue reconocido al ser adoptado por Amnistía Internacional, y no de delincuente común. Ochenta y tres días durante los cuales hubo un período en que no se le suministró agua para hacer más angustioso su calvario y tratar de vencer su resistencia. Ochenta y tres días durante los cuales se le vedó a su madre y demás familiares la oportunidad de verlo. Al no poder quebrar su voluntad, asesinaron su cuerpo.

Al cabo de esos ochenta y tres días de ayuno, de protesta pacífica, de reclamo a ser tratado con un mínimo de dignidad exhaló su último aliento en Cuba, el prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo. Obrero de la construcción. Albañil, para ser más precisos. Disidente.

A comienzos de la década de los sesenta, otro reclusos, Pedro Luis Boitel, dirigente estudiantil universitario y luchador contra el régimen de Batista, no logró sobrevivir a más de cincuenta días de ayuno ante la indiferencia de las autoridades. Era su tercera o cuarta huelga de hambre protestando por las abusivas condiciones carcelarias en el Penal de Isla de Pinos, donde más de siete mil presos políticos dormían sobre un colchón de más de 200 paquetes de explosivos plásticos.

Ahora, con la muerte -vale decir asesinato- de Zapata Tamayo, la historia se repite, recordando a desmemoriados e indiferentes que a no muchas millas de aquí, apenas atravesando el trozo de mar caribeño que cinco siglos atrás cruzó en frágil canoa el indomable cacique Hatuey, hace más de cincuenta años los principios más elementales de libertad y humanidad son pisoteados a diario por la dictadura más antigua del Continente.

TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?

2010-02-25 14:31:07