Por Narciso Isa Conde
El presidente Leonel Fernández en su informe anual a la Asamblea Nacional (27 de febrero 2010) presentó un país dominicano idílico bajo el supuesto influjo bienhechor de su ?plan de nueva Nación?, y en el colmo de la falsificación de la realidad se atrevió a presentar la corrupción reinante como algo que solo se expresa en ?hechos aislados?.
Días después, el Departamento de Estado de EEUU, erigiéndose en juez mundial incapaz de juzgar su propia podredumbre, publicó su informe sobre el narcotráfico en la región, señalando su crecimiento a nivel público y privado en República Dominicana como algo ?endémico?, para así diluir las responsabilidades de Leonel, del poder y del gobierno establecido.
En verdad, después de nueve años de gobierno de Leonel Fernández y de su Partido de la Liberación Dominicana (PLD), aquí se han consolidado las mafias en el poder estatal y se ha fortalecido y ampliado la impunidad que las protege a nivel ejecutivo, legislativo y judicial.
La partidocracia tradicional exhibe como nunca antes sus lacras y perversidades mayores.
La educación es de las peores del continente, el sistema de salud está cada vez mas por debajo de las necesidades crecientes y los precios de los alimentos y servicios básicos se elevan mucho más que los salarios.
El patrimonio natural del país ha sido depredado y contaminado en mayor escala, el empobrecimiento de los seres humanos y su entorno ha devenido en algo realmente dramático y, en consecuencia, fenómenos naturales corrientes se convierten en verdaderas tragedias sociales.
Por demás, la nueva Constitución impuesta este año es una especie de licencia para acelerar el predominio absoluto de la oligarquía, las corporaciones transnacionales y las mafias políticas, militares y policiales, el cual aplasta los intereses nacionales y sociales, y los anhelos de la colectividad.
? Un narco-estado, un narco-gobierno presidido por Leonel
En materia de narco-corrupción ?tema de gran actualidad en el debate nacional- el cuadro real es el siguiente:
Las mafias civiles y militares, estatales y comunes, se asocian y protegen pero también compiten y se dan ?tumbes? entre sí.
Comparten negocios ilegales, pero también se enfrentan
Conforman sicariatos, grupos de asesinos, propios y compartidos.
Pelean, se arreglan y vuelven a romper.
Se amenazan y se matan.
Cada ?familia? tiene su propio sicariato, ya sea civil o militar.
Los capos militares y policiales usan a sus subalternos para matar.
Los capos civiles entrenan en esas malas artes a una parte de sus respectivas bandas.
Los capos militares y policiales usan los organismos de inteligencia y la capacidad investigativa y persecutoria del Estado para detectar cargamentos de drogas y de dólares y apropiarse de ellos, una veces ejecutando ?tumbes? clandestinos (como el de Paya y el de Agosto), otras realizando allanamientos legales para apropiarse de buena parte de lo encontrado, y otras simulando quemas de mercancía para luego revender la sustancia original.
También cobran elevados peajes a los traficantes civiles por custodiar y proteger por aire, mar y tierra sus operaciones de tráfico, distribución y ventas ilícitas.
Los capos civiles sobornan autoridades militares y gubernamentales o conforman asociaciones de malhechores con ellas, mientras el presidente de la república se hace el ?sueco? y crea sus alcancías propias a través de testaferros seleccionados para esos fines.
A veces los clanes mafiosos civiles y militares aparecen aliados y por momentos también se presentan debidamente compartimentados para trampearse mutuamente.
EL estado degenera así en ?narco-estado? y los gobiernos en ?narco-gobiernos?.
Ese es el caso dominicano en este presente complejo.
Un caso en que no solo se da la infiltración de los narco-mafias civiles en el aparato burocrático-militar estatal, sino todas esas variantes de asociaciones y pugnas delictivas entre mafias articuladas al poder y todas esas modalidades de mutaciones gansteriles de jefes militares, políticos, empresarios y jefes de cárteles nacionales e internacionales.
Pasa eso también con otras formas de corrupción como contrabandos, tráfico de influencia, compras sobrevaluadas, usurpación del patrimonio público, robo de fondos estatales?dando lugar no solo al ?narco-estado? si no además al ?estado delincuente? en sentido general, con canales expeditos hacia el componente corrompido de la ?sociedad civil?.
En ese contexto no es cierto que la corrupción se queda solo en ?hechos aislados? o casuales, ni tampoco que el jefe de Estado está situado al margen de ella. En casos así él hace las veces de ?capo de tuti capo?.
Menos cierto es que los capos tipo Figueroa Agosto sean los únicos malos de las películas, sino que muchas veces sus perseguidores resultan peores y ambos le ponen precios a sus cabezas. A lo Capone, a lo siciliano, a lo Casa Blanca.
2010-03-04 15:39:09