Opiniones, Portada

Lo que exige el pueblo dominicano


Doctor Isaías Ramos


El pueblo dominicano debe estar consciente de que, sólo empoderándose y
luchando se podrán preservar los derechos y conquistas logradas desde el siglo XIX
a la fecha. Todo indica que, el actual sistema político acelera el proceso de
generación de miseria al pueblo y más concentración de capital y riqueza en manos
de unos pocos.


Ese sistema tiene como fin coartar nuestras libertades, como si fuéramos borregos,
bajo una economía colectivizada. La élite saqueando y el Estado al servicio de sus
amos, actuando en contra del pueblo, aboliendo sus derechos.


Nos encontramos en la antesala de una agenda que nos conduce hacia una prisión
de la mente y el cuerpo en lugar de libertad, hambre en lugar de abundancia, atraso
en vez de progreso, ineficiencia en lugar de eficiencia. En fin, una sociedad de
privilegios en vez de derechos. Ya las élites político-económica alinearon todos sus
poderes fácticos para juntos imponer su agenda.


Esas élites ignoran las necesidades y penurias que sufren los más desprotegidos
de la nación, carentes hasta de un techo digno, o peor aún, faltos de una
alimentación adecuada. Pareciera que ellos son ajenos a las necesidades y
preocupaciones del pueblo, o no se dignan en el leer los informes de organismo
internacionales como el de UNICEF.

Según dicho estudio, un 76.6% de los jefes de hogar les preocupa que su familia tenga suficientes alimentos, un 36 % de los hogares redujo sus porciones alimenticias diarias y un 25% redujo el número de comidas que realizaba en el transcurso de un día. Mientras tanto, ellos prefieren “dilapidar» los recursos del pueblo en “subsidios” no focalizados, como fueron los RD$1,354 millones de pesos dominicanos, dejados de cobrar en impuestos de combustible, sólo en esta semana.


Es una política de derroche en tiempo de resguardo, es una política de comer hoy,
para pasar hambre mañana, o de borrachera y fiesta hoy y dolor de cabeza mañana.
Es un modo de actuar que pone en evidencia sus intenciones, y de la obstinación
que estas élites político-económica tienen por llevar su agenda. Son capaces de
encarrilar a la nación hacia la penuria de todo un pueblo para el beneficio infinito de
unos pocos.


Es frustrante ver cómo se desaprovechan las oportunidades que se presentan en
cada crisis. Se posterga el desarrollo de sectores que urgen de un auxilio estatal
para garantizar la producción alimentaria y vivienda digna a los más necesitados.
Sobre todo, urgen las soluciones permanentes a personas que viven en condiciones
infrahumanas, con subsidios focalizados completamente auditables, incluyendo el
sector agropecuario, con el objetivo de sustituir la importación de productos
agroalimentarios y lograr la seguridad alimentaria a través de la producción y
productividad.

Todo esto traería como consecuencia la creación de empleos, así
como la entrada de divisas extranjeras, al comercializar los excedentes agrícolas.
RD$1,354 millones invertidos en cualquiera de esos sectores tendría un impacto de
manera directa, que cambiaría el curso de muchas vidas.


Sin embargo, la indiferencia de muchos y la maldad de unos pocos ha sido más que
suficiente para que se continúe cometiendo este tipo de aberraciones.


A lo que aspira este pueblo es a tener oportunidades, que se pueden lograr a través
de una redistribución de los bienes de producción, la creación de oportunidades en
las áreas rurales, la industrialización urbana, así como el incentivo a las micro,
pequeñas, y medianas empresas.

Estas últimas son el motor del crecimiento, que permiten el desarrollo de los pueblos. Todo esto combatiría la desigualdad social, que alienta la indignación y genera injusticias que favorecen a unos pocos en contra de la mayoría.


La gente en sentido general no está buscando ayudas sociales o migajas
clientelistas. No buscan ser un “beneficiario pasivo de las transferencias de rentas
verticales”. El pueblo quiere crear infraestructuras agrícolas y tecnológicas, además
que le lleven la inversión al campo.

Esto, con el fin de asegurar la eliminación de la pobreza y crear seguridad alimentaria para la nación. Durante décadas se anuncia y se promociona como grandes logros la cantidad de beneficiarios de las migajas que reparten, y no son capaces de razonar que ese es su gran fracaso.

A un pueblo que se le respete su dignidad y se le garantice igualdad de derecho y oportunidades, no requiere de migajas, y mucho menos de “favores” o subsidios no focalizados.


Lamentablemente, ya son dos décadas y media con un modelo excluyente, donde
se ha jugado y se sigue jugando con la dignidad humana. Ya el pueblo se cansó de
las migajas, de las mentiras, la manipulación y el engaño.


Estas son las razones esenciales de construir un nuevo modelo político con
propuestas definidas y un norte hacia donde se va a dirigir el país. Ya que esta
partidocracia carece de propuestas y de un compromiso de resolver nuestros
problemas ancestrales